El Patrimonio Arqueológico de Cantabria puede perder en las próximas semanas o meses de forma irreversible un yacimiento arqueológico localizado en las dunas de la playa de Oyambre. Al menos eso se desprende de la notificación denuncia que ha efectuado un ciudadano preocupado por la conservación del patrimonio regional ante la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria al menos en dos ocasiones en el corto plazo de año y medio.
En los últimos meses del año 2002, Eduardo Gutiérrez, un maestro con domicilio en el municipio de Udías, advirtió durante unos de sus paseos por el Parque Natural de Oyambre de la existencia de restos que podían ser carácter arqueológico en la zona de las dunas. Tras hacer unas consultas, certificó que podía tratarse de un conchero de época prehistórica. Su inquietud porque ese yacimiento -hasta la fecha desconocido para la comunidad científica- no se perdiese, ya que causas naturales -las mareas- estaban provocando un derrumbe del perfil donde ser puede contemplar, le llevó a comunicar el hallazgo a la administración competente, en este caso a la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria. Ciertamente, Eduardo Gutiérrez cumplió con sus deberes ciudadanos, tal y como se expresa en la Ley del Patrimonio Histórico Español de 1985 y en la Ley del Patrimonio Cultural de Cantabria de 1998.
Confirmación
Algún tiempo después, la administración, en un escrito firmado por el director general de Cultura de la citada Consejería, Juan Antonio Muñiz Castro, de fecha 16 de diciembre de 2002, certificó a Eduardo Gutiérrez la existencia del yacimiento, «atribuible a la Prehistoria reciente, presumiblemente al Mesolítico o Neolítico» -no se concreta más pese a que se elaboró, como se desprende del oficio «el preceptivo informe sobre el descubrimiento»- y paralelamente le informan que «queda incluido en la Carta Arqueológica de Cantabria, de acuerdo con los establecido en la Ley 11/1998, de 13 de octubre, de Patrimonio Cultural de Cantabria».
Ahí se zanjó la actuación de la Administración, ya que a Eduardo Gutiérrez no le consta que se acometiese una actuación arqueológica de salvamento, quedando el yacimiento a la suerte de las mareas, que con el paso del tiempo han destrozado y desmantelado el conchero, poniendo a la luz restos de hogares, advertibles por la existencia de carbones negros y restos orgánicos, restos de materiales arqueológicos de diferentes tipología...
Nueva denuncia
En sus reiterados paseos y visitas a la zona, Eduardo Gutiérrez ha constatado la progresiva e irreversible destrucción del yacimiento arqueológico y la pasividad de la administración.
Por ello, en esta ocasión, hace aproximadamente tres semanas se puso en contacto de nuevo con la Administración, con el Servicio de Patrimonio Cultural de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria. En esta ocasión prefirió la vía telefónica, ya que le pareció la fórmula más urgente y que podía resultar más efectiva para frenar una acción del mar sobre el talud. Según su estimación, de no actuarse de inmediato, después de explicar al funcionario de turno el devenir de los acontecimientos, el yacimiento de la dunas de Oyambre se perderá para siempre sin haber podido, al menos, salvar los restos muebles o documentar el alcance de su potencia.
A la espera
Ante la falta de respuesta encontrada, Eduardo Gutiérrez ha querido poner en conocimiento de la sociedad en general este hecho, con la esperanza de encontrar una reacción.
Planes y urgencias
El patrimonio arqueológico, por su singularidad y fragilidad, está sometido a una serie de amenazas. Su gestión diaria es complicada y exige la disponibilidad de una serie de medios con los que la Administración no cuenta. Por ello, es necesaria la programación y la jerarquización de las prioridades.
Desde que se aprobó la Ley de Patrimonio Cultural de Cantabria a finales de 1998, esta comunidad autónoma no ha redactado el «Plan Trienal de Patrimonio Cultural de Cantabria», que se contempla en dicho cuerpo normativo. El mismo fue planteado para armonizar no solamente los dos factores fundamentales -recursos y necesidades-, sino para ayudar a definir las relaciones entre la función real que el sistema de bienes culturales de Cantabria ofrece a la sociedad y los requerimientos que los ciudadanos de Cantabria demandan de dicho sistema.
Si existiese dicho Plan, estarían contempladas urgencias de esta naturaleza y estarían dispuestos equipos de profesionales aptos para afrontar los problemas.