Los cementerios son los espacios consagrados para sepultar los cuerpos o cadáveres de los muertos. Por esta razón, los legisladores han tenido que ocuparse de esta materia desde un punto de vista de higiene y salubridad pública. Existe numerosa normativa sobre esta materia desde 1823, sobre quién, cómo, y donde debía construirse los cementerio.
Un ejemplo es cementerio de Ballena en Castro Urdiales, uno de los pocos camposantos declarados Bien de Interés Cultural, dada la importancia de las aportaciones de los arquitectos que trabajaron en él. Dicha declaración se publicó en el BOC del 16 de diciembre de 1994.
El antiguo cementerio de Castro estaba situado en el casco de la población y contiguo a la Iglesia de Santa María, esto unido a sus reducidas dimensiones, que era insuficiente dado el número de defunciones que ordinariamente ocurren en la población, y las condiciones del terreno que no permite la descomposición cadavérica, hizo que el Ayuntamiento, en el año 1885, solicitara la construcción de un nuevo cementerio. El nuevo camposanto se construyó mediante suscripción popular y obedeció a una mentalidad higienista de la época, además de un momento de expansión urbanística. Formó parte del proceso de ensanche urbanístico local de finales del siglo XIX, que fue proyectado por el arquitecto municipal castreño Eladio Laredo y Carranza.
A finales del siglo XIX se produjo un proceso de transformación urbana de la villa de Castro Urdiales. Un hecho económico concreto marcó el gran despegue castreño en los años ochenta: la explotación masiva de las minas de hierro de Setares y Mioño.
La ubicación
En este contexto, lo que podría llamarse la época dorada de Castro Urdiales, se desarrolló el proyecto del cementerio de Castro, proyecto que estuvo a cargo del arquitecto provincial Alfredo de la Escalera. El mismo se ubicó en el sitio de Ballena, es decir mucho más allá de los dos kilómetros que marcaba la legislación. Destaca por ser este un espacio singular, vigilante frente al mar cantábrico.
El cementerio se organiza en una serie de calles paralelas formadas por panteones que van descendiendo hacia el mar.
Su planta parece inspirarse en el estilo neoclásico, está en relación con los gustos de esa burguesía que se instalará en Castro Urdiales a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.
Representa un modélico ejemplo de actuación urbanizadora.
Organización interna
En esta necrópolis se combinan zonas verdes donde destacan los panteones de estilo neogótico (realizados por Eladio Laredo) con otros de estilo más modernista (diseñados por Joaquín Rucoba) o neoclásico (obra de Leonardo Rucabado).
Estos panteones siguen un modelo de capillas exentas, imitan un tipo de capilla de enterramiento adosada a la iglesia. Sus panteones están dentro de la corriente romántica del siglo XIX.
Así pues, la construcción del nuevo cementerio se encargó porque el viejo (el de la Iglesia de Santa María) carecía de las condiciones higiénicas necesarias. Se construye teniendo en cuenta el número defunciones que en el año 1885 fueron de 1.792.
La memoria del proyecto explica perfectamente lo que querían proyectar. Así, describe un antecementerio de 2.400 metros cuadrados donde fija la entrada. Las dependencias aquí son un edificio formado por la Capilla y depósito de cadáveres y otros dos destinados a habitación del sepulturero y a autopsias.
La capilla consta de un pórtico elevado, como el resto del edificio, al que se entra por el frente por una rampa y por los costado por dos escalinatas. Este pórtico da acceso a la capilla con capacidad para colocar en el centro el cadáver, el clero y el acompañamiento sino es muy numeroso. Tras el altar se proyecta una sacristía.
Formando cuerpo con la capilla y adosado a su fachada posterior está el depósito de cadáveres de forma poligonal.
«Todas las puertas -agrega la memoria- serán de persianas, su suelo de losa caliza, así como de la sillería de que estarán formados los apoyos para los cadáveres con caja y el camastro para los que no la tengan».
A los dos lados de la capilla y depósito de cadáveres se hallan dos puertas por donde se pasa al cementerio propiamente dicho. Este tiene la forma de varios rectángulos ocupando una superficie total de 14.560 metro cuadrados.
El rectángulo que forma la cabeza de la cruz se destina a osario, el que forma uno de los brazos par niños sin bautizar y suicidas, estos dos en comunicación con el cementerio general.
El tercer rectángulo que forma el otro brazo independiente del cementerio y con entrada especial al exterior se destina los que mueren fuera de la religión católica. El cementerio general se halla dividido en cuatro cuarteles por dos anchas calles en cruz.Tanto el cementerio como el antecementerio se hallan rodeados, menos por el frente, por una tapia de mampostería y una zanja al exterior. Contigua a las tapias, una zona de cinco metros de ancho alrededor de los cuarteles se destinó a enterramientos a perpetuidad y estaba preparada para que sus dueños proyectasen alguna capilla funeraria o tumba de más o menos importancia arquitectónicas.
Dimesiones
Según las dimensiones de las diferentes partes que forman el cementerio, existía una superficie total utilizable para enterramientos, sin contar la parte ocupada por el ante cementerio tapias y zanja exteriores, de 10.232 metros cuadrados de los cuales 4.702 se destinan a la fosa común y 5.530 a enterramientos a perpetuidad. Terminaba la memoria del proyecto diciendo: «Creemos que son suficientes para demostrar la necesidad imperiosa en que se halla la villa de Castro de realizar cuanto antes el proyecto adjunto y por lo tanto consideramos innecesario insistir en demostrar su importancia y solamente desear que sea pronto un hecho su realización».
Quién y Cuándo
Fecha: Recepción de las obras el 23 de enero de 1888.
Presupuesto: 58.345,81 pesetas.
Duración: La primera petición para construir el nuevo cementerio data de 1885
Jefe de Obra: Alfredo de la Escalera, arquitecto provincial.
Contratista del cerramiento: Jacinto Miquelarena.
Contratista de los edificios: Javier Echevarría Urain.