Ya en 1570 se encuentran referencias a un Santuario dedicado a la Virgen del Besaya. 400 años después ha sido declarado Bien de Interés Cultural, con categoría de monumento
El consejo de Gobierno de Cantabria decidió el pasado 28 de marzo de 2002 la declaración como Bien de Interés Cultural, con la categoría de monumento, del Santuario de Las Caldas, cuyo conjunto arquitectónico se compone de iglesia, claustro y dos cuerpos en sus lados este y sur destinados a celdas, ofertorio, capítulo, biblioteca, etc. El claustro, conocido como de las Procesiones, conserva algunas obras de arte y en particular un notable conjunto de pintura barroca. También destacan varios retablos de esta época, de los más destacados de la región.
Las Caldas tiene su origen hace 400 años. Según se relata en distintos escritos, Hernando del Castillo, historiador dominico, ya hace referencia en el año 1570 al primitivo Santuario al mencionar los primeros intentos de la Orden para instalar allí un centro de predicación apostólica y misionera.
Pero, fue en 1604 cuando el Concejo de Barros pidió a los ya establecidos dominicos de Santillana del Mar que se hicieran cargo de la ermita de la Virgen de Las Caldas para promover su devoción y atender adecuadamente el culto, ratificando el arzobispado de Burgos la cesión el 8 de abril de 1606.
Era entonces una modesta capilla a la que se adosaba una residencia para tres o cuatro personas en condiciones muy precarias, completado todo ello con una pequeña hospedería para albergar peregrinos y transeúntes. El centro de todo el edificio era una imagen que aún hoy se venera en Las Caldas, obra que parece datar del siglo XIII, entre los gustos románicos y góticos.
Como origen de esa imagen en el lugar se apunta que pudieran ser monjes de Cervatos, con jurisdicción hasta el Valle de Buelna, los que podrían haber llevado hasta ese lugar la imagen en la Edad Media.
Antiguos milagros
Por su situación, la Virgen de Las Caldas hizo que sus «antiguos milagros» se concentrasen especialmente en los accidentes ocurridos en las Hoces de Bárcena, acaparando pronto la devoción mariana de la región, a lo que contribuyó la labor de los dominicos con la propagación del rezo del Rosario. Por otro lado, las aguas termales, que desde tiempo remotos eran conocidas por sus virtudes terapéuticas, pusieron el resto del nombre al Santuario.
Nuevo edificio
El Padre Juan Malfaz, profesor de San Gregorio de Valladolid, pasó un día de 1657 por el lugar y quedó fascinado por la Virgen; cinco años más tarde solicitó su traslado a Cantabria, decisión que, según algunos investigadores, pudiera estar mediatizada también por el influjo de una mujer, María Ana Velarde, esposa de barón del Onor de Miengo, devota de la Virgen. Como superior del Monasterio llevó adelante la construcción de un nuevo templo. De esta forma se levantó en 18 años el actual Santuario de Las Caldas. El 19 de marzo de 1683 se colocó la imagen de la Virgen de Las Caldas en su nuevo trono, en el centro mismo del retablo.
Tras la Guerra Civil, bajo el mecenazgo de Gilberto Quijano, conde de Torre Velarde, se restauró el templo, se levantaron los nuevos pabellones y se ampliaron los antiguos, se mejoraron los accesos y se reabrió al culto.
Desde entonces Las Caldas está marcada por el debate sobre sí la Virgen debía ser patrona de Cantabria frente a la opción de siglo de la Bien Aparecida.
Texto y fotos: NACHO CAVIA
Libros y retablos
El Santuario alberga uno de los centros bibliográficos más importante de la comunidad dominica, organizado por el padre Ángel del Cura. Al hacerse cargo de la biblioteca, éste se encontró los fondos de lo que fue la rica y bien organizada Biblioteca de Las Caldas, cuando fue sede del Instituto de Filosofía, con alrededor de 200 estudiantes y un cuadro completo de competentes profesores.
El traslado a Valladolid de este Instituto supuso también el traslado de parte de la biblioteca. En los últimos años se ha preparado una nueva sala en lo que fueron aulas. Coincidiendo con estas tareas se puso en marcha un proceso de encuadernación de los libros en peor estado y se han recuperado unos 1.200 volúmenes.
A pesar de los traslados aun existen una serie de ediciones de las obras de Santo Tomás, con los comentarios del cardenal Cayetano, o ediciones de Roma, Venecia, Turín, Lyón, Amberes, todas ellas del siglo XVI, momento en el que Santo Tomás fue nombrado doctor de la Iglesia por el Papa Pío V.
El retablo mayor, del siglo XVII, fue realizado en Valladolid por encargo del padre Malfaz, apenas comenzada la obra del actual templo. Al realizar la última restauración los técnicos encontraron escondido un pequeño frasco con un escrito en el que se consignó la anterior obra de limpieza del retablo, llevada a cabo en el verano de 1965. El trabajo se hizo por jóvenes estudiantes de Filosofía bajo la dirección del artista montañés Andrés Novo.
En su escrito refieren estos estudiantes haber encontrado un cuaderno antiguo, usado para panes de oro, en el que se registraban varios nombres y, también, una interesante y reveladora fecha, relacionada, seguramente, con el trabajo de los doradores del retablo: 1669-1670, según relata el Padre Alberto González Fuente. También el órgano, de comienzos del siglo pasado, se ha restaurado, y como en el caso anterior, con ayuda de la Obra Social de Caja Cantabria.