Evidencias de la Guerra Civil Testimonios
(5 de Febrero de 2002 )


El Departamento de Geografía e Historia del IES Valle del Saja continúa desarrollando investigaciones sobre el pasado y ha plasmado en un libro los restos arqueológicos y el testimonio de un combatiente

Las memorias de un protagonista de la guerra civil española, sus vivencias antes, especialmente durante, y después del conflicto, así como las evidencias arqueológicas existentes en diferentes puntos de Cantabria, han sido el sustrato para una experiencia pedagógica singular, que finalmente se ha plasmado en la edición de un libro del máximo interés para todos aquellos que quieran acercarse a ese período de nuestra historia.

El trabajo ha sido desarrollado por el Departamento de Geografía e Historia del Instituto de Enseñanza Secundaria Valle del Saja, de Cabezón de la Sal, y ha consistido en salidas a los diferentes lugares donde se conservan indicios y evidencias del conflicto bélico, así como en conversaciones en el aula con un protagonista: Feliciano López Gutiérrez, natural de Quintanamanil, en Campoo de Yuso, donde vio la luz en 1918.

Durante un año y medio se han desarrollado estas actividades bajo la dirección y supervisión de los profesores Emilio Carrera, Manuel García Alonso y Ramón Bohigas. «La experiencia ha sido muy gratificante, y dado el material que se acumulaba, decidimos recuperarlo en forma de libro», explica Manuel García Alonso, quien se ha encargado especialmente de recopilar las evidencias patrimoniales y arqueológicas existentes a lo largo y ancho de Cantabria, en relación con la guerra civil.

Las mismas ocupan una buena parte de la publicación, editada por el propio instituto, sin ningún tipo de apoyo económico externo, y limitada por ello a 300 ejemplares, que se agotaron muy pronto. Ahora se está valorando la posibilidad de llevar a cabo una segunda edición.

En su propia voz

El núcleo principal de esta publicación lo constituye el relato de su protagonista, Feliciano López, un relato muy llano, sencillo y cargado de humanidad, que facilita un acercamiento inmediato a las situaciones y sensaciones de quienes se vieron inmersos en el conflicto bélico, convirtiéndose a la fuerza en soldados de un bando, y más tarde en prisioneros del opuesto, para finalmente pasar a engrosar sus filas, todo a modo de granos de arena a merced del oleaje de la guerra.

Manuel García Alonso pone de manifiesto la existencia de muchas evidencias del desarrollo de la guerra civil a lo largo y ancho de la geografía de Cantabria. «Hay bastantes evidencias palpables, y considero que no estaría de más llevar a cabo algún aprovechamiento de ellas para usos bien diferentes, porque se trata de cosas interesantes en algunos casos». Después de la publicación del libro, García Alonso ha continuado con su tarea investigadora, y en la actualidad son muchas más aún las evidencias que ha catalogado.

Entre las recogidas en territorio cántabro y provincias limítrofes se encuentra un desnudo femenino ubicado en un afloramiento rocoso al pie del Alto de la Maza, en la localidad de Ahedo de las Pueblas (Valdeporres), o un retrato de Mussolini, así como la pirámide de piedra en el puerto de El Escudo. A ello se unen sendos monumentos que se encuentran en el páramo de Bricia, en la carretera de Burgos, y los restos del motor de un Junker caído en la montaña de Temuda, durante la persecución para cortar la retirada hacia Asturias.

Además, son numerosas las trincheras y fortificaciones cuya existencia aún se puede constatar en Reinosa, Pozazal, Los Carabeos, Fontecha, Estacas de Trueba, El Escudo o Bárcena de Pie de Concha.

Todo el material recabado en los últimos tres años, incluyendo las aludidas evidencias y el propio relato de Feliciano López, se vuelve a utilizar cada año en el instituto Valle del Saja. «Es un material de trabajo que cada curso se recicla. De ahí, del libro y las investigaciones que continuamos realizando, sale el material que utilizamos cada curso», señala Manuel García Alonso.

Un relato estremecedor

Con gran lujo de detalles y perfecta transmisión de sensaciones, el relato de Feliciano López nos coloca de inmediato en situación. Comienza por sus primeras experiencias, cómo se enteró del inicio de la guerra mientras se encontraba segando hierba con su padre, cerca de la carretera de Reinosa a Corconte, y cómo la gente del pueblo vivía como una especie de espectáculo las requisas que comenzaban, y los movimientos políticos que derivarían en acciones más drásticas, que de un modo trágico afectarían a todos.

«No nos dábamos cuenta de que empezaba una tragedia que por unos cuantos años nos iba a afectar de una manera muy general a todos, intelectuales y obreros, pobres y ricos, con pérdidas familiares por «paseos», bajas en los frentes, encarcelamientos, palizas, hambre y odios...»

Después de ser reclutado y destinado al frente de Espinosa de Bricia, uno de los capítulos más impactantes de estas memorias de la guerra es en el que relata como un compañero trata de desertar hacia las líneas nacionales y, confundido por la niebla, vuelve al punto de partida, siendo detenido y, seguidamente ejecutado. «Me temblaban, como flanes, todos los tendones. Al fin, ya apareció un pelotón de doce soldados acercándose con el reo en medio, amarradas sus manos atrás. Yo estaba aturdido, pero al ver toda la comitiva dejé de temblar y todo fue muy rápido. Un comisario político, de los que existieron siempre en el ejército rojo, echó una arenga para decir el motivo de la ejecución y avisar a los demás con qué se pagaban las deserciones.... Terminada la arenga, el jefe del pelotón da la voz de «¡armas!», «¡apunten!» y, mientras mandaba «¡fuego!» el reo gritó con toda fuerza «¡viva Italia!», «¡viva Alemania!», «¡viva Cristo Rey!».

Le fue la descarga de los doce fusileros, coincidiendo con el eco de sus últimos «vivas» con el de la descarga, y el cuerpo se le vio caer, después de unos instantes de mantenerse en pie». De este modo relata Feliciano una tragedia que, asegura, «nos dejó marcados a fuego».

El pánico de la retirada

Los continuos cambios de lugar, idas y venidas, las frías noches, la búsqueda de un lugar para el aseo y matar los piojos, van perfilando en su relato el paso del tiempo, con el detalle de cada confrontación, cómo los pajares eran los lugares preferidos para guarecerse cuando la aviación bombardeaba, porque en caso contrario la onda expansiva desplazaba los cuerpos de los soldados como si de títeres se tratara.

Las retiradas eran para el autor, lo peor del combate. «A todo te haces, a ver los heridos que caen y que los camilleros van recogiendo. Pero a lo que no te haces, y es uno de los mayores sufrimientos, es cuando hay retiradas a carrera tendida, perseguidos por el fuego de las armas, sin orden ni control, y ves como van cayendo al suelo compañeros, a veces amigos, y allí tienen que quedar, llenos de sangre».

El castigo de la aviación y la artillería enemiga, el avance de las tropas nacionales, hace que día a día la retirada lleve a Feliciano y sus compañeros más cerca de la costa, en dirección a Santander. Hace referencia a la madrugada del 23 de agosto de 1937. «Anduvimos bastante tiempo por pueblos que serían Astillero y Maliaño, y al anochecer llegamos a Santander, y nos encontramos en el muelle, donde se veían peleas para subir a barquitos. Fue el único medio por el que pudieron huir muchos grupos de autoridades civiles y militares de graduación. Además de las disputas se oían tiros».

Prisionero en Santander

En medio de aquel desconcierto, fueron obligados a formar, pero conscientes de que aquel episodio de la guerra estaba a punto de concluir, Feliciano y dos compañeros optaron, con el amparo de la noche, por deslizarse hacia las afueras de la ciudad. Al día siguiente, «a las tres de la tarde», concreta el relato, en Revilla de Camargo, se encontraban con la División Littorio. Optaron por la rendición y pasaron a ser prisioneros de guerra, como muchos otros, mientras algunos prefirieron echarse al monte, o esconderse durante años.

Dos páginas del relato ocupa el recuerdo a los guerrilleros, la mención de la suerte que corrieron los más conocidos, «El Cariñoso», «Juanín» y «Bedoya», y cómo encontraban apoyo según el bando de cada cual «porque durante las postguerra, siguió habiendo dos, como en la guerra».

La última parte del relato de estas memorias de la guerra civil está dedicada a su experiencia como prisionero, y posterior incorporación a las tropas nacionales. El paso por el campo de fútbol, hacinados hasta el límite, y después de una semana, al seminario de Corbán, donde se concentraron más de 5.000 hombres.

«Entraba gente en busca de personas que tenían denuncias o estaban fichados sobre actos políticos, y a veces veías a prisioneros que se escondían. Otras veces veías que se llevaban alguno con ellos, y claro, no les aguardaba nada bueno. También llegaban visitantes que venían a rescatar a alguno para liberarle y se le llevaban».

Feliciano no tuvo esa suerte, y en el mes de octubre abandonó Corbán camino de nuevo de Santander, en una caminata que se le hizo mucho menos penosa que a la ida, y que concluyó en un barco de carga. En él, bajo los efectos del hambre atrasada de meses, pidió las sobras de la comida, y la tripulación, compadecida del estado de aquel chaval, le sirvió un plato de patatas con bacalao. «Yo observaba cómo me miraban, es que no sé si lo comía o lo bebía, lo cierto es que hoy está vivo en mí como si me estuviera sucediendo ahora mismo. Yo no me lo podía creer, después de pasar tanta necesidad en todo». La travesía concluyó en Deusto, donde por primera vez sería preguntado por su origen y participación en la guerra. Los informes recabados fueron buenos, y terminó en el Cuartel de Intendencia de Burgos. Tenía entonces 19 años, y posiblemente esa corta edad fue la causa de que fuera destinado poco después a Matillas, Guadalajara.

Así concluye este relato, recogido en una obra, «El Frente del Norte. Memoria de un combatiente en la Guerra Civil», que es una aproximación a una etapa de la historia que conviene no olvidar, para no volver a repetir.

Convocatoria

Propiedad privada y nuevas tecnologías, ejes del Symposium de Castillos

El papel que deben ejercer la propiedad privada y las nuevas tecnologías en la conservación, recuperación, promoción y explotación del Patrimonio Histórico en generral, y de los castillos en particular, serán los ejes sobre los que girará el programa del II Symposium Internacional de Castillos, Castle 2002, previsto para el mes de marzo en Marcilla. La organización ha difundido ya la primera versión completa del programa oficial de Castle 2002. Convocado bajo el epígrafe de «Castillos y propiedad privada en una economía globalizada», puede leerse en la página web oficial del symposium: http://www.castle2002.es.org

Arqueología

Sobresaliente hallazgo medieval en Elgoibar

Expertos del centro de estudios Arkeolan han localizado en Elgoibar el yacimiento «más sobresaliente» de Guipúzcoa «en arqueología urbana medieval», situado en el foso inundado que formaba parte del sistema defensivo de esta villa amurallada, fundada en el siglo XIV. Según explica la directora de este centro, Mertxe Urteaga, los miembros de Arkeolan han recuperado «miles de piezas» en este foso, muchas de ellas de material orgánico, que se han conservado en tres metros de sedimento gracias a las especiales condiciones de falta de oxígeno y humedad que mantenía el yacimiento, localizado en un solar de la calle San Bartolomé.

Los hallazgos de objetos orgánicos en excavaciones arqueológicas son muy extraños, ya que se corrompen y desaparecen con facilidad, de ahí la relevancia de este descubrimiento «por las perspectivas que abre, la riqueza de los ajuares aparecidos, y la potencialidad de los estudios que permitirá hacer en el futuro», señaló Urteaga.

Patrimonio inmaterial

La UNESCO votará su protección en el año 2003

Una convención internacional para garantizar la protección del llamado «patrimonio inmaterial» de la humanidad podrá ser sometida a la votación de la ONU en 2003, según ha manifestado el director general de la UNESCO, Koichiro Matsuura. «Ese objetivo está a nuestro alcance. Varios de los estados miembros (de la ONU) ya han adoptado medidas para salvaguardar sus expresiones culturales, por lo que podremos tener un proyecto de texto listo el próximo año», afirmó Matsuura al abrir un seminario internacional sobre el asunto en Río de Janeiro.

Matsuura aseguró que la UNESCO el año pasado ya dio un paso inicial al definir como patrimonios inmateriales «todas las formas tradicionales y populares de cultura transmitidas oralmente o por gestos, y que, con el pasar del tiempo, hayan sufrido modificaciones por procesos de recreación colectiva». Tal definición incluye, entre otras cosas, tradiciones orales, costumbres, idiomas, músicas, danzas, rituales, festividades, artes culinarias, farmacopea, mitologías y medicinas tradicionales.

Matsuura dijo también que, para proteger las representaciones culturales, la UNESCO lanzó el año pasado una primera lista con 19 Obras Maestras del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. Dicha lista incluye 5 «obras maestras» hispanoamericanas: el Misterio de Elche (España), el carnaval de Oruro (Bolivia), el patrimonio oral del pueblo de Zápara (Ecuador y Perú), el espacio cultural de la Hermandad del Espíritu Santo de los Congos de Villa Mella (República Dominicana) y la lengua, danzas y música de los Garifuna (Belice, Honduras y Nicaragua).

Convenio

SEK colaborará con la Fundación de Casas Históricas

La Universidad SEK y la Fundación de Casas Históricas y Singulares han suscrito un convenio marco de cooperación que permitirá la realización conjunta de actividades encaminadas a la conservación del Patrimonio Cultural. La Fundación, constituida por la Asociación de Propietarios de Casas Históricas y Singulares en 1998, es una organización sin ánimo de lucro, de ámbito nacional, cuyo objetivo principal es propagar el conocimiento y mantenimiento de «casas históricas y singulares», especialmente de aquellas que están en manos privadas, de parques y jardines, así como de aquellos bienes muebles que contengan y que formen con ella una unidad histórica y cultural.

Museos

Voluntarios ayudan a la conservación del Museo de CC. Naturales

Bucear en archivos históricos, rellenar frascos de alcohol, cotejar datos o preparar talleres y exposiciones son algunas de las tareas que desarrollan de modo desinteresado los voluntarios del Museo Nacional de Ciencias Naturales, entre los que figuran desde jubilados hasta amas de casa y alumnos universitarios.

La iniciativa, puesta en marcha por el Museo (del Consejo Superior de Investigaciones Científicas), obedece al ingente trabajo y múltiples actividades que realiza, tales como la custodia de sus más de seis millones de ejemplares.

Patrimonio en la red

Asociación Española de Museólogos

Creada en 1993, tiene como finalidad fomentar la divulgación de actividades entre los profesionales y contribuir, de este modo, a su formación y a potenciar el papel de los museos en la sociedad actual.

Más información: http://www.museologia.net/


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