Atravesado por la carretera nacional 623, dirección a Burgos y a unos 40 kilómetros de Santander, se encuentra el municipio de Corvera de Toranzo. Los barrios y lugares que lo componen forman un atractivo conjunto de casonas, torres y palacetes barrocos. La iglesia es también un edificio singular construido en el siglo XVIII. San Vicente de Toranzo es la pequeña capital del lugar.
La población del extenso valle de Toranzo, ordenada territorialmente en torno al curso del río Pas, eje natural de los asentamientos, ha vivido y continúa vinculada a la explotación del ganado vacuno, junto a industrias como la maderera y agroalimentaria. La hostelería, que ya representaba buena parte de los ingresos de las vecinas Puente Viesgo y Vega de Pas, está adquiriendo una importancia complementaria en la economía de la zona.
Es en este lugar donde se ha creado el Museo del Hombre y el Campo partiendo de una colección privada. La iniciativa, que sigue una práctica común a diversas zonas rurales europeas, tiene el objetivo de ser un foco de intereses para una comarca que tiene como amenaza el futuro acceso a la Meseta por Reinosa. En definitiva, se trata de una zona rural que necesita actividades que supongan un valor añadido y que pongan en valor su potencial para mejorar el nivel de renta y la calidad de vida de sus habitantes e incentivar un desarrollo sostenible que haga posible la permanencia en condiciones de dignidad de quienes allí viven.
La colección ha sido reunida por Carlos López d´Herf a lo largo de la década de los noventa, quien dedica prácticamente todo su tiempo libre a recoger y adquirir piezas. La inauguración data de 1998, contando el museo con el y patrocinio del ayuntamiento de Corvera de Toranzo.
Los fondos, que en la actualidad superan el millar, son de muy diversa procedencia y antigüedad y tienen por nexo de unión el compartir un origen y uso agrícola y ganadero. De este modo se han salvado de su desaparición a instrumentos y aperos abandonados al incorporarse las máquinas y los nuevos métodos de cultivo y trabajo en el campo. En un futuro, una posible colaboración con las instituciones podría facilitar la realización del inventario y catalogación de este patrimonio etnográfico.
La colección se exhibe en una gran nave de dos plantas con una superficie total de 600 metros cuadrados, comprada a la cercana empresa de productos lácteos El Buen Pastor. Los objetos que la componen han sido distribuidos en diferentes apartados atendiendo más a su finalidad que a su procedencia geográfica.
Planta Baja. En una gran sala se reúnen distintos instrumentos relacionados con el transporte y el trabajo de la tierra. Una serie de fotografías de escenas de la vida rural tradicional ayudan a comprender su finalidad en el pasado. Hasta diecinueve modalidades de carros pueden verse aquí; llaman la atención varios de gran tamaño y totalmente pintados, fabricados en Burgos, Zamora o Salamanca, entre los que se encuentra incluso un carro rociero. Cinco son cántabros, entre éstos, los dos últimos que se conservaban en Carmona. Complemento de los carros son los yugos. De las paredes de este espacio pende una de las mayores colecciones del mundo con 132 piezas de España, Francia, Holanda, Portugal e incluso Cuba, utilizadas por todo tipo de bestias de tiro. Destacan las barrocas piezas de feria portuguesas que en ocasiones servían de cabezales de cama. Junto a estos objetos hay numerosas colleras, campanos y campanillas para los animales.
Las distintas etapas de las labores de la labranza están representadas con arados romanos cántabros, vertederas, bravanes, rastros, sembradoras sencillas y dobles, trillos, sayadoras, desgranadoras de maíz, cortadoras de remolacha, layas... y los más diversos utensilios y aperos.
Planta Superior. En un conjunto de seis secciones se dan a conocer distintos aspectos de las industrias tradicionales. En el acceso a esta planta y en varias partes de la misma, se pueden ver unas reproducciones de dibujos del pintor Agustín Riancho (1841-1929), pertenecientes a la colección particular de sus herederos.
Salas 1 y 2. En estos dos espacios se exhiben multitud de instrumentos empleados en los procesos tradicionales de elaboración del queso y la mantequilla y algunos que representan los comienzos de su producción industrial en Cantabria. Antiguas mantequeras de madera y cristal, tablas de prensar queso, calderas, arcas de madera... comparten lugar con los primeros moldes fabriles de la región como son una prensa de mantequilla y una caldera para hacer queso. La cercana empresa de El Buen Pastor ha aportado a la colección una máquina de desnatar, otra de hacer mantequilla y una pequeña muestra del antiguo instrumental de laboratorio de la empresa. En las paredes de esta sala hay dos tallas de madera del escultor Sergio Martínez y una figura de un pasiego con cuévano y coriza.
Sala 3. La apicultura. La evolución en el aprovechamiento de los productos elaborados por las abejas está reflejada en esta sección que reúne desde los primitivos esquiliños para recoger enjambres, los dujos (troncos agujereados en los que se reunía a los insectos) y las barras empleadas en ahuecarlos, a modernos panales y un traje de apicultor. También se pueden ver una antigua prensa para extraer miel y catadoras.
Sala 4. Aprovechamiento forestal. Las distintas labores comprendidas en los trabajos de tala están representadas por una colección de sierras, cuñas, terciadoras y hachas traídas de distintos puntos de la región y una rabona de San Vicente de Toranzo, un carro de dos ruedas utilizado en el transporte de los troncos sujetos por una serie de cadenas.
Sala 5. La metalurgia. Este espacio se articula a los lados de una fragua con su fuelle. Se muestran las herramientas utilizadas por los herrreros (tenazas, yunques, martillos, mazas...), algunos productos de sus talleres como llaves, clavos, cerrojos, herrajes... También se exhiben una serie de piedras y ruedas de afilar.
Sala 6. El cáñamo, el lino y la lana. En esta sección se muestra el conjunto de instrumentos utilizados en los procesos de transformación de dichas materias primas en productos textiles (ruecas, cardadoras, husos, espadas, gramaeras, trasquiladoras, tijeras, incluso un banco de alpargatero...). El conjunto de elementos utilizados en el ciclo del cáñamo fueron donadas por la asociación del pueblo alicantino de Redován «La Barraca». La pieza más importante en este espacio es sin duda un magnífico telar de hace más de 200 años proveniente de la población gallega de Verín.
Sala 7. En un futuro próximo, este espacio se convertirá en un rincón dedicado a los pasiegos, con una cocina tradicional y diversos utensilios empleados por dichas poblaciones.
Sala 8. La carpintería y la talla. En este apartado se exhiben herramientas utilizadas en los distintos oficios de la madera (banco de carpintero cepillos, azuelas, garlopas, niveles, barrenos...) y dos ejemplos de dicho uso: los bolos en todas las modalidades de juego tradicional de Cantabria y los zuecos, con muestras de distintas regiones europeas, entre las que se encuentra una buena colección de albarcas y almadreñas.
Sala 9. Pesos y Medidas. Aquí se pueden ver recipientes de diversas medidas antiguas fundamentales de la vida en el campo: fanegas, celemines, cuartillos... También se han reunido varios instrumentos de peso como manómetros y balanzas romanas.
Sala 10. Mitología cántabra. Para acompañar a los objetos de su colección, López d´Herf encargó al ceramista Pablo Marzán la realización de una serie de figuras que representaran a diversos personajes fantásticos del folklore regional. Sergio Martínez se ocupó del decorado sobre el que se colocaron.
Horarios: La visita es concertada y guiada. Un objetor de conciencia asignado por el A yuntamiento hace las veces de guía, guarda y conservador.
Precio: 500 pesetas.
Dirección: Museo El Hombre y el Campo. Barrio Riancho s/n (junto a la fábrica de El Buen Pastor). San Vicente de Toranzo. Teléfonos: 942 594 348 y 666 615 970.
Propiedad: Particular. Carlos López.
Texto:Pablo Cabezón. Fotos: Roberto Ruiz