COLECCIONES Y PATRIMONIO DE CAJA CANTABRIA


      El espíritu no lucrativo con que nacieron las cajas de ahorro sigue presente y se manifiesta en la aplicación de la mayor parte de sus beneficios a la promoción, desarrollo y consolidación de numerosas actividades que tienen como destinatarios los habitantes de la región en la que se encuentran. Desde la Obra Social y Cultural de Caja Cantabria más de 1.600 millones de pesetas son invertidos en el mantenimiento de guarderías, centros de ancianos, en la dotación de ayudas económicas para estudios o en la financiación de un importante número de las actividades culturales emprendidas en Cantabria.

      La idea de ir formando una colección propia es reciente y sorprende por el ingente y espléndido número de obras que se han reunido en poco menos de diez años. Por el momento sólo es posible acercarse a aquellas que se encuentran repartidas en distintos espacios del edificio Modesto Tapia de la calle Tantín, en Santander, y en el Palacio Peredo-Barreda en Santillana del Mar, cuya visita es restringida mientras se construye un edificio anexo que albergará parte de los fondos.

      En 1907, diez años después de la fundación del «Monte de Piedad de Alfonso XXIII y Caja de Ahorros de Santander» se inauguró el edificio de la calle Tantín en Santander, hoy conocido como Modesto Tapia. El proyecto se encargó al arquitecto catalán Domènech i Montaner, que en aquellos años dirigía la construcción del Palau de la Música Catalana (1905-1908) y del hospital de Sant Pau (1910-1912) en Barcelona. El autor era conocido en Cantabria por el llamativo resultado de su intervención en el vestíbulo, la escalera y la decoración del Seminario de Comillas. El recargado plano que ideó para la entidad de ahorro en Santander resultaba excesivamente caro y se encargó al arquitecto local Casimiro Pérez de la Riva (1851-1934) su reelaboración.

      Desde su apertura, el edificio ha sufrido numerosas alteraciones debidas a la necesidad de adaptar las instalaciones a nuevas circunstancias. En la actualidad, de la construcción levantada a comienzos de siglo sólo se conservan los elementos de piedra de la fachada ya que el interior ha sido íntegramente modificado.

      El Palacio Peredo-Barreda y su hermoso jardín, situados junto al cruce de entrada a Santillana del Mar, fueron adquiridos por Caja Cantabria a comienzos de los noventa. La política seguida por la entidad ha sido la de respetar el conjunto, tanto en el exterior como en el interior, que presentan el mismo aspecto que conocieron sus últimos propietarios, los marqueses de Benemejís.

      La construcción del Palacio iniciada a finales del siglo XVII y concluida a comienzos del XVIII se llevó a cabo a instancias del indiano Francisco Miguel de Peredo. El edificio, que probablemente sustituyó a una construcción gótica anterior, es de planta cuadrada, tiene dos alturas y está cubierto por un tejado a cuatro aguas rematado en las esquinas por pináculos. Sobre la puerta principal se encuentra el escudo de armas de la familia Peredo. La regularidad de sus fachadas en las que se abren grandes ventanales rectangulares y la sobriedad de sus adornos convierten al edificio en uno de los más elegantes de Santillana.

      La compra del Palacio Peredo-Barreda, incluyó todo el mobiliario y objetos de arte que se encontraban en sus estancias a los que se han sumado un buen número de adquisiciones. Si nos acercamos a las rejas de la puerta podemos ver varios tapices nórdicos del XVI cubriendo los muros del vestíbulo.

      Las familias que vivieron en el Palacio consiguieron reunir obras de pintores importantes del barroco como Valdés Leal, del neoclásico Mengs y de pintores del XIX como el retratista Antonio María Esquivel y Eugenio Lucas.

      En el interior se conserva también la espléndida biblioteca que inició a finales del XVIII Blas María de Barreda, correspondiente de la Real Academia de la Historia. La adquisición de textos impresos fue continuada por sus sucesores.

      Estos fondos se nutren de ediciones del siglo XVI de los talleres del flamenco Plantino, de imitadores de los trabajos del italiano Aldo Manucio, de las publicaciones holandesas de la familia Los Ezelviros del XVII, y de libros impresos en el XVIII por los franceses Didot, los ingleses Robert y Andrew Foulis o los españoles Joaquín Ibarra Martín, impresor este último de varias obras presentes en el palacio entre los que se encuentra un Quijote, o Antonio Sancha, editor de antologías de autores importantes. También hay libros del XIX editados por Ribadeneyra, Cabrerizo o Montaner.

      Además del Palacio, Caja Cantabria incluyó en la compra dos construcciones anexas al mismo, una vivienda que también perteneció a la familia Peredo y una típica edificación urbana. En la actualidad, se está rehabilitando el interior de estos edificios sobre un proyecto de los arquitectos Eduardo Fernández Abascal, José Orruella y Floren Muruzábal con el objeto de crear un recinto expositivo. El futuro Museo contará con salas en las que se mostrará una selección permanente de obras de arte y espacios dedicados a muestras temporales y biblioteca.

      Las colección de arte de Caja Cantabria supera en la actualidad el millar de objetos tanto de pintura, escultura, fotografía, artes decorativas como muebles. También cuenta con una importante biblioteca de libros antiguos.

      Los fondos de pintura alcanzan casi las quinientas obras, de las que medio centenar son de autores antiguos. La colección se especializa en la obra de autores regionales a medida que nos acercamos a la actualidad. Del siglo XIX cuenta con obra de paisajistas como Tomás Campuzano y Aguirre, Brugada o Agustín Riancho.

      De Rogelio de Egusquiza la entidad pudo adquirir el retrato del wagneriano «Elsa de Lohengrin». Además, cuenta con el óleo «Tres Mujeres», del santanderino Francisco Iturrino, perteneciente a su última y brillante etapa fauve.

Con varias obras de María Blanchard y de Pancho Cossío se reúne a dos de las figuras más importantes de la vanguardia histórica de la región. Caja Cantabria promovió dentro de la celebración de los actos conmemorativos del centenario de su fundación la exposición «Pancho Cossío y su Mundo», para la que reunió el gran número de trabajos que de este autor ha ido reuniendo la entidad y comprenden los distintos periodos, facetas artísticas y políticas del autor. Destacan la expresionista serie de xilografías «Hampa», los óleos «La Tormenta» y «La Niña» parte del conjunto de pinturas que con una temática y estilo homogéneos caracterizan su obra de finales de los veinte y principios de los treinta, o interesantes naturalezas muertas como «Bodegón con Flores y Dominó» y «Brevas».

      Las figuras de Antonio Quirós y Manuel Gómez Raba sirven de puente en las colecciones de la Caja entre el arte de la posguerra y los años setenta.

      En los fondos artísticos se encuentran varias obras de Quirós como «Modelo Sentada» e incluyen un gigantesco tríptico de casi seis metros de anchura. La producción de Manuel Gómez Raba está representada con la poderosa «Figura Ecuestre» de 1951 y magníficas piezas de madera policromada de su etapa de madurez como la dura osamenta que podemos encontrar en el edificio Modesto Tapia.

      La colección cuenta también con trabajos recientes de importantes autores como Agustín de Celis, Enrique Gran, Eduardo Grúber, Julio de Pablo, Eduardo Pisano, Pedro Sobrado, Gloria Torner o Joaquín Vaquero Turcios.

      El grueso de los fondos lo forman pinturas y esculturas realizadas por artistas jóvenes o cuya trayectoria como creadores se ha desarrollado en las últimas décadas como las de de Daria von Berner, Tino Cacho, Manuel Fernández Saro, José Gallego, Jacobo Goiría, José Antonio Gómez Bueno, Daniel Gutiérrez Adán, Jesús Hoyos Arribas, Angel Izquierdo, José Luis Mazarío, José Mª Martínez Incera, Antonio Mesones, Alberto Muñoz, Roberto Orallo, José A. Parada, Jesús Alberto Pérez Castaños, Juan Manuel Puente, Fernando Saez, Rafael Leonardo Setién, o las esculturas de Juan Gómez Ruiz, Miguel Angel Lázaro, Emilia Trueba, entre otros. El interés por no dejar al margen una disciplina tan importante como la fotográfica se materializa en un fondo de imágenes que ronda las 150, con autores locales tan importantes como Angel de la Hoz y nacionales como Umberto Rivas o Javier Campano.

      La Obra Social y Cultural de Caja Cantabria recibe y genera numerosas ideas artísticas, intentando dar cabida a todo tipo de manifestaciones estéticas. Dentro de este interés se enmarcan las jornadas conocidas como Otoño Fotográfico, en las que a lo largo de una semana se llevan a cabo exposiciones de obra gráfica y varios autores imparten conferencias.

      Las obras y actividades se desarrollan en las distintas salas de exposiciones temporales con que cuenta no sólo en Santander sino en otros puntos de la región.

      Durante 1998, dentro de los actos conmemorativos del Centenario de la fundación de la entidad de ahorro se desarrollaron numerosas actividades culturales y varios proyectos expositivos entre los que se encontraba la ambiciosa «El Siglo de los Cambios. Cantabria 1898-1998» presentada en la Feria de Muestras La Lechera de Torrelavega de la que fue comisario el catedrático de Geografía José Ortega Valcárcel. A través de la misma se proporcionaba al visitante una panorámica de la evolución económica, industrial, técnica, social y cultural que ha experimentado Cantabria en cien años.

      «Los Cántabros, Génesis de un Pueblo», que tuvo lugar en el verano de 1999, ha sido el segundo gran proyecto expositivo que la entidad ha preparado en este final de siglo. La muestra, que fue visitada por más de 125.000 personas, se suma a la corriente de difundir el conocimiento de poblaciones relativamente ignoradas de la Antigüedad gracias a grandes exposiciones temporales. Tuvo como comisario al arqueólogo Juan Muñiz, coordinador de exposiciones de la Obra Social y Cultural de la propia Caja, y se instaló en el Museo Diocesano de Santillana del Mar. Se reunieron casi 400 piezas cedidas por instituciones de Cantabria y de otras comunidades autónomas y por coleccionistas privados.

      La utilización del Museo Diocesano ha motivado la organización por Caja Cantabria y el Obispado de Santander de una serie de exposiciones temporales que se han nutrido de materiales provenientes de aquella institución, que han ido rotando por distintas localidades de la región. Dos muestras se han dedicado a la evolución de las iconografías de la Virgen y Cristo, otra ha tratado el tema del Camino de Santiago, y también se ha podido ver el arte de manifestaciones artísticas filipinas presentes en Cantabria.

      Finalmente, Caja Cantabria colabora con instituciones como el Museo Jesús Otero de Santillana del Mar, el Museo de las Villas Pasiegas o el Museo de Bellas Artes de Santander, así como en proyectos culturales junto a la administración local o regional, como la Feria Artesantander.

      Consulta de los fondos: es necesario formalizar una ficha de investigador que se facilita en el mismo centro.

      Horarios: Mañanas: de 9 a 13:30 h. (de lunes a sábado). Tardes: de 16:30 a 21 h. (martes y jueves en periodo lectivo, pero cerrado los meses de julio a septiembre).

      Cerrado: Sábados tarde y domingos.

      Dirección: C/ Rubio 6. 39007 Santander. Teléfono: 942-234 534. Correo electrónico: info@bibmp.com



Texto:Pablo Cabezón. Fotos: Roberto Ruiz


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