COLECCION ETNOGRAFICA EL PAJAR EN PROAÑO


      Aprovechando las herramientas que había en la casa familiar, Luis Ángel Moreno Landeras comenzó hace dos décadas a recoger materiales etnográficos en la comarca de Campoo. Los piezas reunidas, gracias a donaciones e intercambios con parientes y amigos, aumentaron poco a poco hasta alcanzar casi 1.200. Con un acertado criterio, Moreno Landeras ha elaborado un registro de los objetos, donde ha consignando numerosos datos como su procedencia, utilidad, material con el que están elaborados, medidas..., además de incluir un dibujo o fotografía del mismo.

      La muestra está repartida entre distintos espacios de su vivienda de Proaño, el jardín, el garaje, y, sobre todo, entre el antiguo establo y el inmenso y acogedor pajar que se encuentra encima de la casa y da nombre a la muestra.

      Las labores del campo ocupan parte destacada en la colección de Proaño con instrumentos que eran utilizados en las distintas tareas, desde la preparación de la tierra para la siembra hasta la posterior recolección. Se pueden ver varios tipos de arado y su posterior evolución a vertedera y braván. También se muestran hoces con su zoqueta de madera en la que se introducían los dedos para protegerlos de posibles cortes; el dalle o guadaña, el martillo para picarlo sobre un pequeño yunque y la piedra para afilarlo llamada pizarra, guardada a remojo en la colodra. El trillo de la zona de Campoo, de roble y con cantos de agua incrustados, y otro de Cantalejo (Segovia) con piedras de sílex incrustadas en madera de pino.

      Se muestran los objetos utilizados en la fabricación del pan, como el molino, la artesa, las raederas para limpiarla, los cedazos y la trepa para limpiar el suelo del horno. También se enseña una sulfatadora de principios de siglo con la que se rociaban los patatales para matar el escarabajo.

      El establo original de la casa ha sido restaurado y sirve de espacio expositivo. Los animales se colocaban en pesebres separados por parapetos de madera llamados estambres y sobre la filera, una plataforma de piedra. Para la limpieza de la cuadra se servían de un rodillo, una escoba y una pala. La muestra también incluye las campanos para las vacas, las zumbas para los caballos, las campanillas para las parejas uncidas y las colleras para carretear.

      En la colección se muestran y explican los utensilios empleados en los procesos de elaboración de la mantequilla y el queso. Para cuajar la leche se echaba un trozo de estómago de cordero que no hubiera pastado; después, el cuajo se ponía en el quesero agujereado para que saliera la vira y a continuación era introducido en el zarcio donde se ponía a secar.

      El chon crecía en pocilgas, aquí llamadas cocinos. Landeras ha recogido, además del ballarte o plataforma donde se realizaba la matanza, el atillo con el instrumental utilizado por los matarifes: cuchillos, gancho para colgar el cerdo, y, también, artesas para amasar las chichas o máquinas para rellenar tripas y hacer los chorizos. El resto del animal era conservado en sal, colocado en medio tronco de roble ahuecado y taponado a los costados.

      Las abejas también están presentes con las antiguas colmenas, los llamados dujos. Además, se puede ver la prensa de palanca para fabricar tortas de cera, las tablillas para redondear las velas, los esquiños y el colador de cera.

      Relacionados con la caza hay distintos cepos para alimañas, zorros lobos y topos.

      La colección contiene numerosos instrumentos relacionados con el transporte, como las angarillas que se colocaban sobre el burro para bajar la garauja, nombre que se le daba a los palos de avellano; la corza, un pequeño trineo con el que bajaban piedras de la sierra; y ruedas de carretillas de diferentes materiales. También se conserva el eje de un carro chillón o rodal, así como la palanca para levantarlo, y se enseñan yuguetas y yugos de distintas clases. Cuando nevaba, los campesinos utilizaban los barajones, una especie de raquetas, y unos esquís de travesía .

      Los procesos de transformación de la lana y del lino son complejos y en ellos intervienen varios instrumentos que se pueden ver en el pajar.Esquiladas las ovejas, el vellón se lavaba en el río y se llevaba en la corra, después se escarmenaba o cardaba. En el torno se hacía el hilo y en el aspar las madejas. El lino llevaba mucho trabajo y no era demasiado rentable: se conservan herramientas utilizadas cuando se majaba, espadaba y cardaba y las que se usaban para hilar y hacer madejas.

      Sobre un banco de carpintero se agrupan la mayor parte de los instrumentos utilizados en el aprovechamiento de la madera: una cadena de encartar para los troncos de los árboles, los roncadores, las hachas con su zancada para colocarla y afilarla por «sobeo», la sierra bracera que utilizarían dos personas para sacar tablas de troncos, secretos, la sierra de San José para hacer dibujos y redondear cortes. Igualmente: azuelas, garlopas para desbastar, cepillos, acalanador para los encajes de las ventanas, barrenos para practicar agujeros, resorias, trincha, barrenas, guillame, lagras para hacer cucharas, el barrilete para sujetar la madera y el tornillo para agarrarla, compases, la plomada para nivelar, el cercen compás rudimetario para trazar el círculo de las ruedas de los carros y una plantilla de yugo.

      Había herreros en cada pueblo que se dedicaban, entre otros menesteres, a herrar a los animales. Se conservan numerosos tipos de tenazas y un pequeño yunque para remaches. Se incluyen en la colección diversos objetos salidos de la mano de estos profesionales como las horcas para cargar gavillas, cuchillos, asas de caldero, badajos de campano, bisagras de portones y ventanas, clavos, bocallaves, llaves, quicios y pestillos de puerta. También, herraduras de burro y de caballo y callos para vacas y bueyes de labor.

      Los tejeros normalmente venían de Asturias y alquilaban terrenos en los que se dedicaban a la fabricación de ladrillos y tejas. Se puede ver la réplica de un cadavao con el que se daba forma cóncava a la teja. Se ha reunido una colección de tejas y ladrillos que llevan las distintas marcas de los destinatarios y del fabricante.

      Del fontanero se enseña una lamparilla de gasolina y del hojalatero estañadoras y un martillo.

      Junto a una colección de albarcas de abedul, se exponen las herramientas empleadas en su fabricación.

      En una esquina del pajar se han reunido la mayor parte de los objetos que se podían ver en las cocinas de la comarca. Los muebles que se muestran son el basar y la espetera (estantería con ganchos) que se usaban como armarios, la conocida mesa perezosa, varios banquitos y el cerval, en el que se colocaban los alimentos, impidiendo así que los ratones los devoraran. Sobre la lumbre pendía el llar del que colgaban cazuelas y pucheros, y junto a él, el llarero en el que se ponían a secar capotes y ropa. En ocasiones, la función del llar la cumplían los trípodes o trébedes sobre los que colocaban las sartenes.

      Moreno Landeras ha reunido numerosos recipientes y cacharros de cocina como la sartén para hacer el apaño de grasa y pimentón, chocolateras, morteros, almireces, jarras, pocillos, cazuelas, pucheros, cajones para las especias, una botija para el vinagre... Además de cuchillos y cucharas de madera y cuerno de vaca, se exhibe una pequeña colección de cucharones tallados que se regalaban en la ceremonia de la pedida de mano

      Durante mucho tiempo la ropa se guardó en arcones y por esta razón el mobiliario del dormitorio en que se ha transformado el otro extremo del pajar, está formado únicamente por una cama y una mesita de noche en cuyo interior se guardan una escupidera, una bacinilla y un orinal. Completan este apartado un espejo de mineral de mercurio, un ajuar completo de afeitar con sus navajas, incluidas la pizarra de afilar,la escudilla y una colección de cachabas.

      Como útiles para alumbrar hay candiles de carburo, un farol de petróleo, de vela, lámpara de carburo, farol de ferroviario, faro puntero de vagón...

      Vinculadas a las actividades domésticas se ven: romanas, celemines y otros instrumentos de medida como la media y el cuarto de fanega. Se conservan algunos elementos de juegos infantiles como un ábaco, tabas canicas y aros.

      También se han recogido diferentes variedades de instrumentos musicales de la zona: el pandero, la pandereta, el rabel, la berrona (especie de trompetilla de hueso), la tarabilla, las chiflas de palo de sauco y otras piezas como las matracas y mazos que sustituían al tañido de las campanas en viernes santo.

      A las creencias cristianas representadas por numerosas imágenes religiosas que se han colocado en una de las paredes, los habitantes de la zona añadían otras supersticiones que giraban en su mayor parte en torno a los animales: como el aceite y los trozos de cuerno de alicornio para beber y sanar, las piedras para evitar que se empiedren las vacas, o el fleme con el que se sangraba a los animales en primavera.

      Luis Moreno Landeras ha escrito varios artículos en la revista de Valdeolea y ha colaborado en algunas guías de turismo. También ha publicado junto a José Antonio Gutiérrez Delgado una obra sobre la toponimia de Valdeolea y un texto sobre la matanza del chon que puede encontrase en el volumen XIII de las publicaciones del Instituto de Etnografía y Folclore Luis Hoyos Sainz.

      Ubicación y visitas: A ocho kilómetros de Reinosa, en el valle de Campoo de Suso, camino de la estación invernal de Brañavieja y dejando atrás el nacimiento del Ebro en Fontibre, se llega a Espinilla. Superado este pueblo, hay que desviarse a la derecha y, a unos dos kilómetros, se encuentra Proaño. Junto a la iglesia, en una casa particular, se ubica el Museo «El Pajar».

      Horarios: Domingos de 15 a 19 horas concertando visita.

      Teléfono: 942 753012



Texto:Pablo Cabezón. Fotos: Roberto Ruiz


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