Durante el siglo XIX se desarrolló una nueva ciencia dedicada al estudio de los restos de las poblaciones humanas anteriores a la aparición de las civilizaciones históricas. Los trabajos de investigadores como Sautuola, Breuil y Cartailhac pusieron de relieve la importancia de los vestigios que aquellos hombres primitivos habían dejado en el norte de la península ibérica y supusieron un decisivo incentivo para las excavaciones que se llevarían a cabo en esta zona. El interés despertado por estas investigaciones y lo llamativo de las mismas condujeron a la apertura en 1911 de una Sección de Prehistoria dentro del Museo Municipal de Santander.
Los fondos arqueológicos se reubicaron en 1926 en el nuevo Museo de Arqueología y Prehistoria, instalado provisionalmente en unos locales del Instituto de Enseñanza Media de Santa Clara. En este lugar permanecieron hasta su traslado definitivo a los bajos de la Diputación Provincial, en 1941. Jesús Carballo, director desde los años veinte hasta su muerte en 1961, fue el impulsor de esta última mudanza, en aquel entonces absolutamente oportuna y con la esperanza puesta en la futura construcción de un «contenedor «adecuado.
Durante los casi sesenta años transcurridos desde su traslado a los bajos de la Diputación las colecciones del Museo han ido creciendo y la entidad ha conocido periodos de intensa actividad, sobre todo bajo la dirección de Miguel Angel García Guinea (1962-1985) en el que se desarrollaron numerosas iniciativas docentes y expositivas.
Tras su jubilación se abrió el periodo más crítico en la historia de la institución. No sólo se paralizó la actividad que hasta entonces venía desplegando sino que durante los siete años siguientes la función de recogida de materiales provenientes de excavaciones emprendidas en al Comunidad, única ocupación del Museo en aquel momento, fue realizada sin ningún tipo de control ni registro.
En 1992 comenzó a trabajar Amparo López Ortiz como conservadora y ha terminado asumiendo de hecho gran parte de las funciones de dirección, cargo que todavía no está cubierto.
Durante los últimos quince años al grave deterioro de las infraestructuras museísticas y al desbordamiento de sus parcas instalaciones por la llegada de numerosos materiales, se ha sumado una abrumadora falta de medios que ha condenado la institución, convirtiéndola en cebo de especulaciones acerca de su existencia.
Durante los primeros meses del año 1999 surgió una polémica en la que se plantearon la posibilidad de trasladar el museo a los bajos del remozado Mercado del Este y de ceder parte de los fondos al nuevo Museo monográfico de Altamira.
El incipiente interés por los descubrimientos prehistóricos en la región condujo a la formación de espléndidas colecciones que reunían buena parte de las piezas encontradas en las primitivas excavaciones decimonónicas y de principios de siglo. Varias de estas entraron a formar parte de la primitiva sección de Prehistoria del Museo Municipal de Santander. En 1910 lo hacía la de Sautuola, en 1917 la de Eduardo Pedraja y en 1925 la del Marqués de Comillas, que hasta entonces había podido visitarse en el Palacio de Sobrellano.
De enriquecer las colecciones del Museo se encargó durante casi cuarenta años su primer director Jesús Carballo, inicialmente con los hallazgos provenientes de la cueva de El Pendo y de la ciudad romana de Julióbriga, y más tarde con los de otros yacimientos como la cueva del Juyo.
Desde que en 1962 se hizo cargo de la dirección García Guinea hasta la primera mitad de los ochenta, el Museo conoció el periodo de mayor expansión con la incorporación de muchos materiales procedentes de las numerosas excavaciones que se llevaron a cabo en la región (cuevas de La Chora, Castillo, Morín, El Juyo.... y yacimientos romanos de Flavióbriga, Julióbriga y Camesa, así como estructuras medievales etc.).
La Ley de Patrimonio Cultural de Cantabria, aprobada en diciembre de 1998, contempla que los materiales arqueológicos debe ser depositados en el Museo de Arqueología y Prehistoria.
Las piezas que proporciona cada hallazgo casual o yacimiento se registran en el inventario con una nuevo número y ficha, y en ésta se recogen todos aquellos datos que puedan ser de interés, tales como la descripción de la pieza, el lugar del hallazgo, su datación, el material en que está fabricado, etc.
La Universidad de Cantabria inventarió gran parte de los fondos del Museo a finales de los ochenta. Recientemente se ha completado el inventario, habiéndose superado la cifra de las 12.500 entradas. La realización de este inventario se ha tenido que enfrentar a varios problemas
Casi 1.200 piezas arqueológicas se exhiben repartidas entre distintas vitrinas y plataformas que ocupan prácticamente toda la superficie de la única sala de que se dispone. A estas se les ha dotado en los últimos años de sistemas de seguridad, detección de incendios y control de la temperatura y humedad.
La etapa prehistórica, como es natural en atención a su mayor presencia en los fondos, ocupa más de la mitad de la exposición con piezas que van del Paleolítico Superior a la Edad de Hierro. A modo de introducción se hallan una serie de expositores donde se presentan restos óseos de la fauna paleolítica, varias reproducciones y originales de cráneos de homínidos y distintos útiles representativos de la evolución de la talla de la piedra. En otro grupo de vitrinas se agrupan los materiales en atención a las excavaciones donde fueron localizadas. Tenemos muestras de las Cuevas de El Juyo, El Otero y La Chora, el conjunto del Monte del Castillo, Morín, El Pendo, Hornos de la Peña, la Cueva del Valle, Altamira y la Cueva del Piélago.
El Neolítico es apenas tratado con una pequeña selección de hachas pulimentadas y algunos molinos de piedra. La primera utilización del metal, gracias a la explotación de los recursos de cobre, se limita a un expositor donde se reúnen varias muestras de cerámica campaniforme provenientes de un yacimiento de Toledo. Dos vitrinas tratan el Bronce peninsular y cántabro en el que destacan hachas de talón y el emblemático caldero de Cabárceno, encontrado a principios de siglo en las minas del mismo nombre.
El nacimiento y desarrollo de las poblaciones protohistóricas en la península Ibérica se produce a lo largo de la llamada Edad de Hierro, que abarca en la región cántabra la segunda mitad del primer milenio antes de Cristo. En la exposición esta etapa se refleja en los útiles reunidos en unas vitrinas adosadas a columnas y en las espectaculares estelas gigantes, piedras talladas con forma de disco de más de un metro de diámetro que presentan distintos símbolos y figuras. El Museo cuenta con tres, dos de Lombera y una de Zurita (Piélagos), en la que se tallaron dos guerreros con lanzas y escudo.
La muestra incluye un número relativamente pequeño de materiales de época romana y medievales. La presencia de Roma en la región queda testimoniada en gigantescos hitos terminales de Julióbriga, en estelas de Monte Cildá y multitud de pequeños objetos de vidrio, de cerámica (sigillata, común), de bronce, de plomo... Julióbriga (Retortillo) y Flavióbriga (Castro Urdiales) tienen un protagonismo estelar en esta sección.
De la Edad Media destacan un broche de cinturón mozárabe en marfil de Santa María de Hito (Valderredible), varios anillos y el reflejo de las prácticas funerarias a través de un gran número de estelas colocadas sobre dos plataformas, la mayoría de las cuales provienen de la necrópolis de Espinilla.
El fondo bibliográfico del Museo es importante y supera los 70.000 volúmenes, que se acercan a distintos aspectos de la Historia. Tiene especial relevancia el conjunto que se ocupa del periodo prehistórico. Podemos encontrar la colección más numerosa en España de publicaciones antiguas que sobre este tema aparecieron en Europa. García Guinea fue una de las personas que de forma más intensa se ocupó de formar esta estupenda biblioteca. A comienzos de esta década las obras del túnel de Tetuán afectaron a los conductos de la zona y se produjeron varias filtraciones que anegaron el Museo y dañaron un buen número volúmenes. Todavía se ven las huellas de la humedad en las paredes enmohecidas de la biblioteca y la sala de exposición.
Aunque la mayor parte de los materiales que llegan a la colección han sido restaurados por el equipo que realiza las investigaciones, el Museo cuenta con un pequeño taller que lleva a cabo esta tarea cuando es necesario.
Dentro del Museo se encuentra un pequeño almacén que, desbordado hace tiempo, ha obligado a la dirección a habilitar un local fuera del recinto al que llegan los nuevos ingresos.
A pesar que el criterio cronológico preside la organización de la muestra, la mayor parte de las piezas están agrupadas en obsoletas vitrinas y plataformas, atendiendo a su lugar de procedencia. Esto dificulta la posibilidad de que el visitante pueda comprender los cambios que acarrea el constante transcurrir del tiempo en los útiles, las técnicas y las costumbres.
A comienzos de los años noventa, Manuel González Morales, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Cantabria, propuso llevar a cabo una reordenación de la exposición, al tiempo que incorporar planteamientos didácticos que ayudaran a superar las barreras del aislamiento físico del espectador y la descontextualización de los materiales arqueológicos muchas veces «poco agradecidos museísticamente». Igualmente, se planteó la necesidad de desarrollar actividades que ayudaran a devolver el contacto del Museo con la realidad.
A pesar de que la exposición no ha variado en los últimos años, la introducción de nuevas infraestructuras como paneles informativos y, sobre todo, la incorporación de dos guías a la plantilla ha mejorado sustancialmente la calidad de las visitas.
Sin embargo, el Museo sigue sin disponer de material didáctico. Tampoco existe catálogo y los antiguos expositores de los años setenta se mantienen en su sitio.
Las instalaciones con que cuenta hoy en día el Museo de Arqueología y Prehistoria son a toda vista insuficientes para poner en práctica cualquiera de aquellos objetivos y hacen necesaria la construcción o acondicionamiento de un nuevo centro dotado de laboratorios de restauración, biblioteca, salas de consulta e investigación, salón de actos, espacios donde albergar el almacén, los servicios de publicación, o acoger a los visitantes..., infraestructuras todas ellas de las que hoy carece o resultan inadecuadas.
Horarios: Verano: De martes a sábados: de 10 a 13h. Domingos y festivos: de 11 a 14h. Resto del año: De martes a sábados: de 9 a 13 h. y de 16 a 19 h. Domingos y festivos: de 11 a 13h.
Cerrado: Todos los lunes del año
Precio: Entrada gratuita.
Dirección: Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria. C/Casimiro Sainz nº4. 39003 Santander. Tel. 942-207109 / 942-207105. Fax 942-207106
De interés: El museo cuenta con dos guías que de forma gratuita y sin necesidad de concertar visita previa, tratándose de particulares, explican la colección. Los grupos que deseen utilizar este servicio deberán concertarlo previamente por teléfono o por correo.
Texto:Pablo Cabezón. Fotos: Roberto Ruiz