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Uno de los elementos más importantes del patrimonio de Riotuerto son los vestigios de las Real Fábrica de Artillería de la Cavada, complejo de gran trascendencia en la evolución económica, social y medioambiental de Trasmiera y buena parte de la región, que se cuenta entre las industrias bélicas más importantes en la España moderna. Su origen se remonta al 1609. Aquel año, Jean Curtius de Lieja, proveedor de los ejércitos españoles en Flandes comenzó a negociar con los representantes hispanos la introducción de altos hornos de fundición para producir piezas de artillería y proyectiles en la península. A su llegada hacia 1616-1617 Curtius aprovechó en un principio la ferrería de La Vega sobre el Miera. En aquellas fechas empezó la construcción de las fraguas, carboneras, hornos, muros exteriores del complejo fabril en Liérganes. El 9 de julio de 1622, una Real Célula aprobó los términos de un generoso contrato que garantizaba al industrial belga el monopolio de la fabricación de numerosos productos. En 1628 se habían construido la construcción de dos altos hornos, sin embargo, Curtius se veía obligado a ceder sus derechos a un consorcio integrado por el contador Salcedo Aranguren, Charles Baudequin, Jean de Croy y el luxemburgués Jorge de Bande quien terminó por hacerse con el control de toda las instalaciones. En 1633, se levantó la capilla de San Andrés conforme a un diseño del superintendente de la fábrica Gilles Englebert de la Neuveforge con una fachada en cuyo pórtico se instalaron cuatro columnas de hierro acanaldadas fundidas por Felipe Waldor, precedente de la arquitectura del diecinueve. En 1638, Jorge de Bande creó una segunda fábrica de artillería en La Cavada (Riotuerto), Santa Bárbara, dotada en un principio con dos altos hornos a los que más tarde se sumarían otros dos más.

Un decreto emitido el 30 de agosto de 1760, poco después de la llegada de Carlos III al poder, marcaba el inicio del proceso de nacionalización de las fábricas de Liérganes y la Cavada, culminado entre 1764 y 1769. En lo sucesivo su gestión correría a cargo de los Ministerios de la Guerra, Marina y Hacienda. Testimonio de aquella época es la la portada de la fábrica de artillería, conocida como Puerta de Carlos III construida entre 1783 y 1785 a base de sillares soldados con piezas de plomo y hierro según un proyecto del arquitecto de la marina Francisco Solinís así como la capilla del complejo industrial, bajo la advocación de Santa Bárbara.

Hasta finales del XVIII, la totalidad de la producción de hierro colado peninsular salía de los altos hornos de Liérganes y La Cavada, los únicos de su naturaleza hasta la fundación en 1730 del de San Miguel en Ronda. A finales del la centuria, sin embargo, se había hecho evidente que la producción en las industrias del Miera no podría continuar mucho tiempo, una de las causas era precisamente la falta de madera, antes abundante, con la que producir el carbón vegetal que alimentaba los hornos. Los hornos de Liérganes fundieron por última vez en 1797 y un año más tarde los de La Cavada. Tras un último intento de restablecer las fábricas en 1829 el complejo desapareció.

De 1629 a 1830 salieron de las factorías del Miera 26.000 cañones útiles para municiones para realizar seis millones de disparos, miles de piezas de usos comerciales, domésticos, insdustriales. En total se consumieron 300.000 toneladas de mineral de hierro, 250.000 de carbón vegetal (diez millones de árboles desaparecieron, siendo asoladas cerca de 150.000 hectáreas de bosque) y 15.000 de carbón mineral.

Entre los elementos más destacados que han sobrevivido de las antiguas instalaciones fabriles se cuenta la mencionada Portalada de Carlos III, que daba entrada al complejo (han desaparecido otras dos). Responde a la estética neoclásica, consta de un arco de medio punto rematado por un frontón triangular, que remite a otros arcos levantados en aquellas fechas en Madrid. Bajo el frontis aparece la leyenda ‘Carlos III Rey. Año 1784’, que sustituyó a un escudo con las armas reales que llevaba inicialmente. También quedan restos de la muralla que rodeaba al complejo, una buena parte de la red de canales que la abastecieron, las casas de los operarios y los almacenes (también se conservan dos cañones en la localidad). La portalada fue declarada Bien de Interés Cultural en 1984 y el «Lugar de la Real Fábrica de Cañones de La Cavada» en 2004, con la categoría de Lugar Cultural (Sitio Histórico).

La fábrica de tejidos La Montañesa Textil es otra buena muestra de arquitectura industrial. Fue fundada en 1847 por Juan de la Pedraja. Se trata de un recinto acotado compuesto por un edificio de gran volumen central organizado en tres pisos y vanos situados de forma metódica típico de las construcciones fabriles del siglo XIX, al que se unía una gran chimenea de ladrillo. El conjunto se completaba con otros recintos menores que acogían las calderas, el taller de teñir y los almacenes.

 

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Tomo 723, Folio 165, Sección 8ª, Hoja S11607, Inscripción 1ª     Aviso Legal / Política de privacidad/ Política de Cookies