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El monte de la Garma, situado en la localidad de Omoño, custodia uno de los complejos arqueológicos más importantes descubiertos en España en las últimas décadas. En él se acumulan materiales que abarcan desde el Paleolítico Antiguo a la Edad Media. Ya en 1903 dos cuevas abiertas en este cerro, llamadas del Mar y El Truchiro, habían sido objeto de estudio. No fue, sin embargo, hasta 1995 cuando se produjo el hallazgo de los principales yacimientos. Las áreas de investigación son las cuevas de La Garma A, las llamadas Galería Inferior e Intermedia, La Garma B, La Garma C, La Garma D, El Valladar y Peredo, además de las mencionadas Truchiro y el Mar; así como el castro de La Garma situado en la cima de la colina. Las cavidades albergan materiales en cantidades inusuales (el inventario de La Garma A supera las 20.000 entradas y los suelos de la Galería Inferior están literalmente tapizados de objetos del suelo de un hábitat magdaleniense que se extienden por una superficie de 585 m2 con millares de huesos, instrumentos y restos de actividades humanas; así mismo han aparecido evidencias de construcciones paleolíticas y también se han localizado depósitos funerarios altomedievales), en concreto son de reseñar piezas de arte mueble paleolítico como cuatro bastones perforados, una espátula de 17 cm con el relieve de una cabra montés o una figura de bulto redondo tallada en la asta de un reno, una serie de estructuras funerarias calcolíticas o numerosos cerámicas de la Edad de Bronce. También son sobresalientes las manifestaciones de arte rupestre paleolítico localizadas en los espacios subterráneos, entre ellos casi un centenar de representaciones de animales, cuatro decenas de de grabados de partes corporales, más de un centenar de signos abstractos y dos centenares de líneas y manchas. Se suceden los estilos, las técnicas y las formas de aprovechas las superficies en estas representaciones ejecutadas a lo largo de todo el Paleolítico superior. Son amplias las composiciones naturalistas magdaleniensses vinculadas a los suelos de ocupación y adscritas al estilo pirenaico-cantábrico.

Además de este yacimiento prehistórico subterráneo, sobre la cima del monte de la Garma, convertida en los años treinta en pradería y más tarde en eucaliptal, en un paraje conocido como Calobro, se localizan los restos de un castro de la Edad de Hierro. Se trata de un recinto fortificado con una línea de amurallamiento de 450 m en torno a una planta ovalada con dos cierres, más estrecho al norte y más ancho al sur de 18.000 m 2, que conocería dos etapas de ocupación. En este estratégico emplazamiento, desde el cual se divisa la marina entre Santoña y la bahía de Santander, han podido recuperarse materiales líticos, cerámicos y metálicos, que han llevado a datarlo en el Hierro los años 750-400 a.C. El valor patrimonial de La Garma llevó a declarar en 1998 Bien de Interés Cultural con la categoría de Zona Arqueológica a un área de 1.020.312 m2 de este monte.

En cuanto a arqueología medieval es de señalar la necrópolis del barrio de Orna en Cubas, donde se descubrieron varias tumbas de lajas y tres estelas discoidales altomedievales, dos de ellas decoradas, una con una cruz patada, a partir de un botón central y la otra con un aspa inscrita en el interior de un cuadrado.

 

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Tomo 723, Folio 165, Sección 8ª, Hoja S11607, Inscripción 1ª     Aviso Legal / Política de privacidad/ Política de Cookies