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El caso más destacado de arquitectura civil en el municipio se encuentra en la localidad de Tudanca, declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1983. Se caracteriza por la disposición de las casas en hilera, formando pequeñas calles paralelas empinadas, adaptadas a la morfología del terreno. La mayoría de las viviendas son de dos plantas, con solana entre cortavientos en la segunda, orientada al sur o al este. La cubierta suele ser a dos aguas, sobre la fachada principal y la posterior. Las casas son, en general, de mampostería, con sillares en los esquinales y cercos de los vanos. Se conservan aún multiples elementos arquitectónicos tradicionales, como las típicas socarreñas y los hornos, que se suelen ubicar en algún esquinal del primer piso, junto a la cocina. En este conjunto monumental destacan la casa de La Herrán, de finales del siglo XVII, con escudo en uno de sus cortavientos; un grupo de corralada y viviendas, de la misma centuria, situado en la parte alta del pueblo; la antigua escuela, en la actualidad biblioteca del Alto Nansa, fundada por el indiano Pascual Fernández de la Cuesta en 1757; y, sobre todo, la llamada Casona de Tudanca.

La Casona de Tudanca es un edificio complejo levantado en piedra con los muros revocados que la hacen sobresalir sobre el resto de las casas de Tudanca. Es el resultado de la unión de tres cuerpos distintos: una casa solariega con una cubierta a dos aguas y solana orientada al sur, una torre cuadrangular que atraviesa un túnel y la capilla coronada por una espadaña que aloja un retablo del XVIII. En la fachada principal se puede ver el escudo de armas de Pascual Fernández de Linares Gómez y Herrero, certificadas por el rey de armas Juan Alonso Guerra, siéndole expedida la Ejecutoria de Hidalguía para Indias en 1731 –las armas portan la inscripción ‘Guardo tan bien el castillo con este venablo armado que no fue ninguno osado a atreverse a combatillo’–.

La Casona fue mandada construir por Pascual Fernández de Linares, hijo de Juan Fernández de Linares y Francisca Gómez de la Cotera, natural de la vecina localidad de La Lastra después de regresar enriquecido de Perú. En uno de los muros del edificio se puede leer la inscripción: “Este palacio de armas reedificó Don Pascual Fernández de Linares / año de 1752” aludiendo probablemente a la función militar del edificio que precedió al actual. Gracias a su fortuna emparentó a su sobrina y heredera con el mayorazgo de los Cuesta. Entre sus descendientes, nacidos en la antigua casa de La Lastra, se encuentran el obispo de Ceuta y Sigüenza José Patricio García de la Cuesta y el militar Gregorio García de la Cuesta. Éste último combatió en la guerra del Rosellón contra de la República Francesa (1793-1795) y más tarde fue cabeza de las tropas españolas que participaron en la batalla de Talavera (1809) contra los ejércitos napoleónicos, siendo autor de un interesante epistolario.

En el siglo XIX, gracias a la figura de Manuel de la Cuesta y Cossío, bisabuelo de José María, que moriría siendo rector de la Universidad de Valladolid, la Casona de Tudanca fue hogar temporal de políticos y literatos. Entre los personajes más singulares que por allí pasaron se encuentra la periodista e investigadora del fenómeno penitenciario Concepción Arenal, sobrina de Manuel. A finales del XIX, el edificio, su entorno y varios de las personas que lo poblaban se convirtieron en escenarios literarios en la novela Peñas Arriba, escrita por el cántabro José María de Pereda entre 1892 y 1894.

En su antología Rutas Literarias de La Montaña, José María de Cossío convierte a Miguel de Unamuno, de quien comenta que llegó a redactar varios textos en Tudanca; entre ellos el poema Teresa, en el eslabón que enlaza aquellos tiempos con su propia vida, la época más brillante que ha conocido la Casona.

Entre las personalidades que el editor vallisoletano atrajo hasta el valle del Nansa se cuentan varios de los miembros de la llamada Generación del 27. El poeta santanderino Gerardo Diego fue uno de los primeros que se acercó, emulando en 1920 a los personajes de la novela Peñas Arriba, siete años antes de las celebraciones en memoria de Góngora. Alberti da cuenta de su estancia en Tudanca en el verano de 1928 en su autobiografía La arboleda perdida, donde comenta que fue la Casona (en dónde coincidió con Carlos Gardel), el escenario dónde pudo crear Sobre los ángeles, obra cuyo original se encuentra conservado en Tudanca, junto al de El alba del alhelí, que regaló a Cossío al final de aquella visita.

Otras de las personalidades que llegaron a pasar por el lugar hasta la muerte de Cossío fueron, Federico García Lorca (que llegó en 1933 acompañado de otros miembros de ‘La Barraca’), Manuel Azaña, Jorge Bergamín, Antonio Buero Vallejo, Camilo José Cela, Antonio y Manuel Machado, Gregorio Marañón, Ramón Menéndez Pidal, José Ortega y Gasset, Ramón Pérez de Ayala...

El 2 de mayo de 1975, la Casona y sus dos huertas, así como todos los muebles, cuadros, la biblioteca compuesta por cerca de 17.000 volúmenes y demás enseres que en ella había fueron cedidos por Cossío a la Diputación Provincial de Santander.

 

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Tomo 723, Folio 165, Sección 8ª, Hoja S11607, Inscripción 1ª     Aviso Legal / Política de privacidad/ Política de Cookies