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El ‘prau concejo’. Se trata de zonas de pastos que son propiedad del común de cada uno de los pueblos del municipio. El prado se divide en ocho partes, según la calidad y cantidad de los pastos, y, de cada una de ellas, se hacen tantas suertes o brañas como vecinos haya ese año en el pueblo, teniendo en cuenta que a las viudas y solteras con hijos les corresponde media braña y a las solteras que viven solas, sin descendencia, y son mayores de 25 años, un cuarto. El día de San Agustín, tras el toque de campana, todos los vecinos suben a la alta pradería, donde se asignan las brañas por sorteo. Cada vecino siega la zona que le haya tocado en suerte, bajando luego la hierba al pueblo en su basna.

La basna. Lo escabroso del terreno del valle de Tudanca hizo que sus moradores ideasen artilugios para facilitarles las labores agrarias. Es el caso de la basna, exclusiva de esta zona. Tanto es así, que solo se ha usado en los tres pueblos del municipio más meridionales: Tudanca, La Lastra y Santotís. En una de sus estancias en la casona de Tudanca, Miguel de Unamuno conoció este instrumento, describiéndolo en uno de sus escritos: «La basna es un rústico vehículo montañés de arrastre, sin ruedas, al modo de las narrias que siendo yo niño funcionaban en el muelle de Bilbao. Es una horca de madera y en medio de ella tabletas sobre las que por medio de peales, como correas de varas de avellano retorcidas, se sujeta la carga de yerba. Y arrástranla, pedregoso sendero abajo, con los bueyes, que tienen que ir sosteniendo la basna, y el hombre a los bueyes. Deslízase la basna sobre pedruscos pulidos o cantos por el frote. Sobre una carga de yerba de una basna bajé un trecho de montaña...».

La Tablanca de Pereda. El célebre escritor costumbrista cántabro José María de Pereda, tras haber retratado la vida marinera y urbana del Santander decimonónico en Sotileza, quiso hacer una novela de la alta montaña, Peñas Arriba, escrita entre 1893 y 1894. En ella describe las costumbres y modos de vida de los montañeses de la época, centrando gran parte de la trama en el pueblo de Tudanca, al que llama Tablanca. Aquí llega Marcelo, un joven universitario de buena familia ligado a la vida de la alta sociedad madrileña, invitado por su tío don Celso, propietario de la casona de Tudanca. En su primer paseo por las montañas ve el pueblo desde lo alto: «(...) yo contemplaba a vista de pájaro el vallecito de Tablanca, con sus casitas trepando mies arriba detrás de la de mi tío, sola y encaramada en lo alto, como si se hubiese detenido allí para animarlas con la voz y algunas cuchufletas de don Celso...»

Artesanía de la madera. La abundancia de montes en el municipio hizo que la madera fuese uno de los pilares de su economía. Con ella fabricaban desde útiles de trabajo y aperos de labranza, como palas, basnas, arados y carros, hasta calzado –las famosas albarcas– y otros útiles habituales, caso de muebles, barreños, jarras, cucharones e incluso cuerdas.

 

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Tomo 723, Folio 165, Sección 8ª, Hoja S11607, Inscripción 1ª     Aviso Legal / Política de privacidad/ Política de Cookies