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Cabezón de la Sal historia escudo de  Cabezón de la Sal
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El municipio de Cabezón de la Sal comprende cinco de los ocho concejos que integraban el antiguo valle de Cabezón, uno de los que formaron la Merindad de las Asturias de Santillana.

El factor fundamental que aclara el importante papel desempeñado históricamente por la villa y su extraordinario dinamismo es su estratégica situación tanto en el ámbito comarcal como en el regional, al convertirse en punto de confluencia de los principales ejes viarios intra y extracomarcales.

En Cabezón y su entorno se han localizado diversos yacimientos que evidencian la presencia humana en la zona en Paleolítico Superior. Son de destacar yacimientos como los de cueva La Clotilde o Peña Carranceja en el vecino Reocín, Ibio en Mazcuerras o Cabrojo en el mismo Cabezón de la Sal.

La denominación de Cabezón de la Sal procede de la época romana, pues el término ‘Cabezón’ designa una medida que utilizaba el Imperio para la compra de la venta de sal. Posteriormente, al nombre de ‘Cabezón’ se le dio el apellido ‘de la Sal’ por ser ésta su principal riqueza.

El valle de Cabezón era un amplio territorio que fue colonizado, poblado y puesto en explotación, entre los siglos VII y XII, a partir de pequeños núcleos habitados. También la villa primitiva que centraba el valle parece haber surgido a partir de uno de esos núcleos: la aldea de Kapezone, donde se localizan los pozos de sal a los que, probablemente, hicieron referencia Estrabón y Plinio el Viejo.

Pero Cabezón de la Sal no solamente será una villa, sino también un distrito, ‘alfoz’, ‘territorio’, ‘aldea’ o ‘valle’, según se atestigua ya en el año 817, y perdura hasta la época constitucional. La mayoría de las otras entidades de población existentes en la actualidad aparecen mencionadas en documentos de los siglos IX, X y XI.

El llamado Val de Cabeçón adquirió grandes dimensiones extendiéndose hasta el mar e incluyendo Caranceja, Barcenaciones, Toporías y Cóbreces si bien a finales del siglo XIII parece haber fijado ya sus dimensiones definitivas. En cuanto a su articulación en el conjunto de la Cantabria medieval, el valle de Cabezón formaba parte de la llamado Merindad de Asturias de Santillana, junto a los valles de Camargo, Cayón, Penagos, Piélagos y Villaescusa y los valles de Alfoz de Lloredo, Cabuérniga y Reocín. Este distrito administrativo consta en el Becerro de las Behetrías de 1352 junto a las merindad de Liébana-Pernía, la de Aguilar de Campoo (que incluía a Campoo) y la merindad mayor de Castilla Vieja (que englobaba la Merindad menor de Trasmiera). Estaba integrado en 1352 por ocho aldeas (Bustablado, Cabezón, Cos, la colación de Ibio con los barrios de barrios de Ferrera, Meñi, Serna, Sierra y Viya; Mazcuerras con los barrios de Cohiño y Villanueva; Periedo con los barrios de Casar y Cabrojo; Santibáñez-Carrejo y Vernejo-Ontoria), cada una de las cuales disponía de sus propias tierras con las que formaba un concejo.

Sobre este valle actuaban dos poderes, uno religioso y uno laico. El primero lo encarnaba la abadía de Santa Juliana en Santillana del Mar, que detentaba los derechos de explotación sobre las salinas y otros bienes patrimoniales: tierras, aguas, molinos, etc. Con el señorío laico de la zona se hizo a mediados del siglo XIV la casa de la Vega-Mendoza, mediantes diversas fórmulas que incluían compras y concesiones reales (ya en 1341 la Casa de la Vega, unida en el siglo XV a la Casa Mendoza, había obtenido la concesión de vasallos y bienes en el valle y la jurisdicción en Cabezón). En 1444, Juan II confirmó los derechos y la jurisdicción sobre los valles de Asturias de Santillana a aquella familia en la persona de Íñigo López de Mendoza, a quien concedió el título de Marqués de Santillana.

En 1544, Cabezón y los otros valles de las Asturias de Santillana emprendieron diversas acciones contra el dominio señorial de los Mendoza, siguiendo el ejemplo dado por el valle de Carriedo. El llamado ‘Pleito de los Nueve Valles’ concluyó en 1581 y se resolvió con el reconocimiento del realengo en estas zonas. En 1630, pasaron a integrar la llamada Provincia de los Nueve Valles, creada por Felipe IV, y germen de la futura provincia de Santander, en el siglo XVIII.

Entretanto la situación económica de la villa se veía beneficiada claramente en todas las áreas, dada su situación geográfica: por ella pasa el viejo camino hacia las Asturias de Oviedo y la vía desde Castilla y Campoo hacia el Cantábrico, que fue uno de los caminos de la primera repoblación de la Castilla altomedieval, la llamada ‘Ruta de los Foramontamos’.

Durante el Trienio Constitucional (1820-1823), el valle de Cabezón fue reorganizado y se dividió en tres municipios: Cabezón de la Sal (Cabezón, Ontoria-Vernejo y Santibáñez-Carrejo), Mazcuerras (Cos, Ibio y Mazcuerras) y Casar (La Busta, Caranceja, Casar de Periedo, Golbardo y Rudagüera), pasando Bustablado y Duña a Udías. En 1835 se produjo una segunda articulación y se crearon los municipios de Mazcuerras y Cabezón de la Sal, que absorbió las localidades de Casar y más tarde Bustablado y Duña (1850).

Los usos y costumbres inmemoriales de la comunidad de pastos se mantuvieron con la Hermandad de Campoo de Suso (Mancomunidad Campoo-Cabuérniga), y la explotación de la sal habría de llegar hasta los tiempos recientes, conjuntamente con el protagonismo de las ferias ganaderas de la comarca.

En tiempos más recientes es de recordar el papel simbólico que desempeña Cabezón de la Sal en el proceso de gestación de la autonomía de Cantabria, pues fue el pleno de este ayuntamiento el primero que, en 1979 y bajo la presidencia de Ambrosio Calzada, acordó por unanimidad pedir la autonomía de Cantabria. Se trata del primero que lo hizo, aunque pronto se le unieron otros muchos.

 

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Tomo 723, Folio 165, Sección 8ª, Hoja S11607, Inscripción 1ª     Aviso Legal / Política de privacidad/ Política de Cookies