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La Colegiata de Santa Juliana es el principal edificio religioso de Santillana del Mar y uno de los más importantes de Cantabria. Su origen se remonta a los siglos VIII-IX, cuando fue fundado para acoger las reliquias de Santa Juliana de Bitinia (Santa Illana, de donde procede el nombre de la villa). En 1045 Fernando I y su esposa Sancha concedieron el primer fuero al monasterio, transformado poco después en colegiata, al cambiar la regla monástica que la rige por la de los canónigos de San Agustín. El monasterio está integrado por tres bloques: iglesia, claustro y sala capitular. La iglesia utiliza como modelo las construcciones románicas del norte de Castilla, en particular, San Martín de Frómista, en Palencia. Se trata de un templo de tres naves separadas por pilastras cruciformes, que terminan en tres ábsides de planta semicircular cubiertos por bóvedas de horno; el crucero está coronado por una alterada cúpula de trompas resultado de distintas intervenciones, entre ellas una reconstrucción acometida después de que se derrumbara en el siglo XVIII; las naves están cubiertas de bóvedas de crucería gótica levantadas a mediados del XIII. En el lado del evangelio se abre la capilla de San Jerónimo, iniciada en 1554; tiene planta cuadrangular, está cubierta por bóvedas de estrella y la orna un escudo de la familia Barreda. Los capiteles de ventanas y columnas y los canecillos dispuestos en la cornisa presentan una interesante labor de labra escultórica. A los pies se alza la torre de campanas construida en el siglo XIII, ante la inestabilidad que presentaba el terreno sobre el cual se había levantado el templo. La portada principal –la original desapareció en el siglo XIII al levantarse el campanario– se ubica en la fachada sur, presenta un friso de relieves en la parte superior en el que aparecen apóstoles y santos, rodeando al Pantócrator. En el siglo XVII se añadieron un frontón triangular con la imagen de Santa Juliana y la galería de arcos que se alza sobre la nave de la epístola. Así mismo, en 1694 el maestro de cantería natural de Carriazo Gregorio de la Roza presentó el proyecto de nueva sacristía y la galería de la sala capitular de la colegiata que terminaron por transformar radicalmente el aspecto de la colegiata, adaptándola al gusto barroco –en aquel entonces competía con Santander por transformarse en sede de una nueva diócesis segregada de la de Burgos–. El claustro, adosado a la fachada norte del templo es un recinto cuadrangular cercado por una galería. Destaca por el nivel que alcanza la escultura de sus capiteles, en el cual pueden verse motivos figurados, geométricos y vegetales que se cuentan entre los más relevantes del arte románico en Cantabria. Entre los temas figurados aparecen escenas bíblicas, simbólicas, (la lucha del caballero contra los dragones, representativa de la victoria del Bien sobre el Mal) y salidas de la vida diaria.

El templo custodia varias obras muebles de gran interés. Entre las más antiguas se cuentan varios sarcófagos conservados en el interior de la iglesia y el claustro. Los más conocidos fueron realizados en el siglo XII, se trata del llamado ‘sepulcro de doña Fronilde’, en referencia a un personaje relacionado históricamente con los orígenes del monasterio (la inscripción que presenta parece referirse sin embargo a un infante) y el del obispo de Oviedo, Pelayo. Así mismo han de señalarse una serie de bajorelieves románicos que representan a un pantócrator, a la Virgen con el niño, a Santa Juliana luchando contra el demonio y a un grupo de apóstoles. Otra piezas de interés del templo es el retablo mayor, realizado hacia 1510-1520 bajo el patrocinio de Diego Hurtado de Mendoza; presenta junto a una mazonería gótica esculturas relacionadas con el estilo de Felipe de Bigarny y una serie de pinturas que enlazan las tradiciones hispanoflamenca y renacentista atribuidas a un artista de Saint Omer residente en Burgos, autor del retablo mayor de Llanes. Aloja una imagen sedente de Santa Juliana realizada hacia 1453. La obra fue reformada a finales del siglo XVII, principios del XVIII; época en la cual se incluyeron el tabernáculo y el sagrario churriguerescos también se fecha en aquella época. También a destacar es el Cristo Crucificado (Cristo de la Agonía), alojado en un retablo datable entre 1665 y 1670 adscribible al estilo de Juan de Tolnado que se halla en la capilla de Barreda; se atribuye la pieza central al imaginero vallisoletano Francisco Rincón (c.1567-1608), que sigue aquí el modelo del Cristo de los Carboneros; en la caja del ático se puede ver una Virgen del Rosario de finales del XVII, principios del XVIII. Por último subrayar la riqueza de las piezas de orfebrería que custodia el templo, entre ellas el frontal de plata mexicana del altar, donación de Luis Sánchez de Tagle (1686).

A pesar de la antigüedad y relevancia artística de la colegiata, en el siglo XIX las techumbres y tejados se encontraban en estado de ruina (un ala del claustro se perdió). Como medida de protección el ayuntamiento de Santillana solicitó al Ministerio de Fomento y obtuvo, tras un informe de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, su declaración como Monumento Nacional el 12 de marzo de 1889. La iglesia fue restaurada bajo la dirección de Juan Bautista Lázaro; las obras en el claustro concluyeron en 1905. El Cartulario o Libro de Regla de la Colegiata de Santa Juliana de Santillana del Mar, fundamental para conocer la historia de uno de los centros religiosos más importantes de Cantabria, fue declarado en 2003 Bien de Interés Cultural, con la categoría de mueble. Se conserva en dependencias de la Colegiata.

En el extremo opuesto de Santillana del Mar se encuentran los conventos de Los Dominicos y San Ildefonso. El convento de los dominicos ‘Regina Coeli’ se halla en el cruce entre las carreteras de Barreda y de Puente San Miguel, en el lugar conocido como el ‘Campo de Revolgo’. Su origen se remonta al año 1592. En aquella fecha el arzobispo de Burgos, Cristóbal de la Vela de Acuña, expedió licencia autorizando a la orden de Santo Domingo fundar el que habría de ser su convento matriz en Cantabria, atendiendo a una petición formulada por el caballero de la villa Alonso Velarde, señor del Palacio de la Plaza de las Arenas. En 1597, Pedro, hijo de Alonso de Velarde, rompió los compromisos asumidos por su padre y la comunidad, instalada en unas dependencias del palacio de las Arenas bajo la advocación mariana Regina Coeli, se puso bajo el patronazgo de Iñigo de Mendoza, quinto duque del Infantado y sexto marqués de Santillana. Hacia 1598, debido a enfrentamientos con el cabildo de la Colegiata de Santa Juliana, la fundación se trasladó a su definitiva ubicación en Campo de Revolgo. El convento de Regina Coeli se vio afectado por la orden aprobada el 25 de julio de 1835 por la cual se suprimían los monasterios y conventos aplicándose sus bienes y rentas a la extinción de la Deuda Pública. En los años siguientes fue refugio de las monjas dominicas venidas de los conventos de Santa Clara y Santa Cruz de Santander para terminar acogiendo a dos comunidades de monjas clarisas. En 1959, fue restaurado y acogió varias exposiciones de arte contemporáneo. En 1969 se inauguró en sus dependencias el Museo Diocesano el cual custodia, procedentes de la Colegiata los retablos de San Miguel; de San Joaquín, Santa Ana y la Virgen Niña; de la Sagrada Familia; y de la Virgen de la Merced. Todos ellos fueron construidos a finales del siglo XVII, principios XVIII; los dos últimos se encontraban en la capilla de la familia Barreda.

La iglesia es una construcción de una nave con capillas de igual altura unidas abiertas entre contrafuertes y cubiertas por bóvedas de crucería estrellada. Su origen se remonta al año 1629 en que comenzaron las obras, conforme a trazas presentadas en 1593 por el maestro de cantería Juan Zorlado Ribero, vecino de San Pantaleón de Aras. El proyecto inicial, que preveía una iglesia de planta de salón (tres naves de igual altura) fue modificado por Pedro del Arroyo, vecino de Hoz. En 1656, después de numerosas incidencias, se cerró la última bóveda de la iglesia, consagrada desde el 2 de febrero de 1648 a Nuestra Señora de Regina Coeli. Las capillas se levantaron en fechas posteriores. En el último tercio del XVII se abrió en el lateral de la epístola la del Santo Nombre de Jesús (posteriormente de San José) y enfrente la de Nuestra Señora del Rosario (desaparecida); a comienzos del XVIII, otra en la epístola dedicada a San Vicente Ferrer y enfrente a Santo Domingo (desaparecidas). En el primer tercio del XVIII se levantó el cuerpo porticado situado junto al hastial de los pies de la iglesia. La invasión francesa, la desamortización y la Guerra Civil hicieron desaparecer las riquezas originales del templo. El retablo mayor actual procede de Santo Toribio de Liébana y está construido conforme al modelo de retablo hornacina, tal y como era ejecutado en el círculo Cudeyo-Camargo; las figuras que incluye son deudoras de Gregorio Fernández. Los retablos colaretales proceden de Las Caldas del Besaya. En cuanto al claustro y el resto de las dependencias conventuales, éstas fueron completadas en los años veinte del siglo XVIII dirigidas por el maestro de cantería Bernardino Fernández de la Llama, vecino de Luey. El claustro es de dos pisos con cuatro tramos que presentan soportales de arcos de medio punto sobre pilares cuadrados en el inferior y ventanas rectangulares con antepechos enmarcadas por pilastras rehundidas de orden dórico en el superior.

El convento de dominicas de San Ildefonso fue fundado en el último tercio del siglo XVII por Alonso Gómez del Corro, canónigo de Santillana, junto al ‘Regina Coeli’. La comunidad tomó posesión de él en 1670 y su aspecto arquitectónico es similar. Cuenta con una iglesia de sencilla portada de nave única con cubierta de crucería estrellada. Además de los escudos ornamentales del fundador y la casa Mendoza-Luna, ha de destacarse la presencia en el altar mayor de un gran Cristo de marfil filipino del siglo XVIII.

En los demás núcleos de población del municipio se encuentran otros edificios religiosos reseñables, como Salvador (Viveda) y San Andrés y Santa María (Mijares). Salvador de Viveda es un templo de una nave de dos tramos con ábside cuadrado, que, conforme a una inscripción fue consagrado en el año 928. La edificación actual se data en el siglo XVI, no obstante presenta una portada de tradición románica con capiteles historiados y un arco triunfal de filiación gótica. San Andrés y Santa María de Mijares, de una nave de dos tramos y capilla mayor cubierta por bóveda de crucería, edificada en la primera mitad del siglo XVII; San Juan Bautista en Viveda, levantada en el XVII; y la parroquial de Queveda, construida en 1927 siguiendo modelos pretéritos.

Por último reseñar la ermita de San Sebastián en Herrán, documentada desde el año 1386, con una capilla mayor cubierta por una bóveda de crucería y ornada en el exterior por una serie de canecillos góticos; la ermita de Santa Justa en Ubiarco, construida al abrigo de un farallón rocoso en el siglo XVI; la ermita de San Jorge en Vispieres, del siglo XVII; la ermita de San Cipriano y San Cornelio en Camplengo, documentada desde el siglo XVII, cuyo origen se remonta a la alta Edad Media; la capilla de Nuestra Señora en Arroyo, documentada desde mediados del siglo XVII; la ermita de la Virgen de la Consolación en Yuso, del siglo XVII; y la ermita de la Virgen de las Nieves (Virgen de las Quintas) en Queveda, del siglo XVIII.

 

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Tomo 723, Folio 165, Sección 8ª, Hoja S11607, Inscripción 1ª     Aviso Legal / Política de privacidad/ Política de Cookies