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Artesanía. Los vecinos de este municipio son buenos artesanos de la madera, habilidad que desde antiguo han plasmado en la fabricación de albarcas, un complemento imprescindible por la dureza del clima. Casi todos los años los vecinos tallaban algún par para los miembros de la familia. Se procede cortando madera de haya, abedul o alisa, que se moldean con un hacha para, posteriormente, ahoyarse con la azuela y legrarse por dentro. El trabajo finaliza con el barnizado de las albarcas, aunque la decoración de este calzado en San Miguel de Aguayo es menos compleja que las de Cabuérniga o Campoo de Suso. Otra actividad que alcanzó importancia en el siglo XVIII fue la del carboneo obtenido a partir de la madera talada en los bosques, cuyo objetivo era abastecer a las ferrerías surgidas en torno al Camino Real de Castilla. Con la decadencia de las actividades ferronas esta ocupación quedó restringida a abastecer el consumo doméstico hasta mediados del siglo XX, cuando fue abandonado.

Cultivo del lino. Aún se recuerda en Aguayo el cultivo del lino en varias zonas. Su recolección exigía acondicionar el terreno, perfectamente allanado y defendido con surcos, para permitir el paso del agua de los arroyos en caso necesario. Y, año tras año, arrastrar, sembrar, mondar y arrancar el lino. Se sembraba a voleo en el tardío o a comienzos de la primavera y se recogía en verano. Había que arrancarlo a mano con el rocío de la mañana, y, tras aparejarlo, se llevaba a los colgadizos y balcones para secar. El lino, para obtener la hilaza, había que limpiarlo y prepararlo: se desataban los manojos y se golpeaban; luego se remojaba para que la fibra fuera flexible. Estas labores corrían a cargo de las mujeres aguayesas. La lana se lavaba primero, se cardaba con las cardas y finalmente se hilaba y torcía. El lienzo casero, basto y correoso, se empleaba para la confección de sábanas, camisas y pañuelos. El paño era el preferido para la ropa exterior, como las sayas, manteos, mantillas, calzones, chalecos, chaquetas, escarpines y monteras. El paño pardo se prefería para las vestimentas del varón y la más fina bayeta de color se dejaba para los manteos femeninos, destacando en Aguayo los manteos de color azul, rojo o verde.
 

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Tomo 723, Folio 165, Sección 8ª, Hoja S11607, Inscripción 1ª     Aviso Legal / Política de privacidad/ Política de Cookies