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La mayor parte de las construcciones de Reinosa se alinean en la calle Mayor y sus prolongaciones de la avenida del Puente de Carlos III y la avenida de Castilla. En el corazón del casco antiguo se encuentra la plaza de España, un buen conjunto arquitectónico de casas porticadas y bastiones medievales presidido por el Ayuntamiento. Anexos a la casa consistorial se alzan dos antiguos torreones, el más cercano es llamado
torreón de Manrique y Navamuel y debe su primera referencia documental a una escritura de venta efectuada en 1414 por el vecino de Aguilar de Campoo Ruy Gutiérrez a Garci Fernández de Manrique. El edificio contiguo, llamado torreón de Navamuel y Calderón, fue construido a principios del XVI por una familia procedente de Valderredible, lugar donde tenía su torre con una inscripción que recordaba la participación de Gómez García de Navamuel en la batalla de las Navas de Tolosa. En el XVII, los dos bloques pasaron a una rama de la casa de Navamuel de Sobremonte. En 1932, se vieron afectados por el incendio que entonces asoló el ayuntamiento y en 1936 se derribaron sus muros interiores. A finales de la década de los ochenta se efectuaron diversas obras de reforma que fueron iniciadas por José María Pérez González (1989) y continuadas por Fernando Gutiérrez Polanco, autor del proyecto sobre el cual fueron finalmente reconstruidos. El conjunto fue reinaugurado en noviembre de 2001.

Otra de las construcciones más venerables de Reinosa es la ‘casa de las Princesas’ o ‘casa de la Infanta’ emplazada en la Plaza de Díez Vicario. En este edificio del siglo XV se cuenta que se celebró el enlace del hijo de los Reyes Católicos, don Juan, con doña Margarita de Austria, hermana de Felipe el Hermoso. En fechas ligeramente posteriores fue levantado el bloque (dividido desde 1938) conocido como casa de los Mioño que está situado en la Plaza de España.

El siglo XVIII resultó crucial en la historia del urbanismo y del patrimonio reinosanos. La apertura del Camino Real, mandado construir por el marqués de la Ensenada, trajo consigo la época de mayor esplendor de la villa, experimentándose un crecimiento lineal a ambos lados de la nueva vía. De esta época es la casa del caballero de Santiago y Marqués de Cilleruelo, Joaquín de Quevedo y Fernández de Velasco, que en el año 1778 ocupaba el puesto de Brigadier de los Reales Ejércitos y Capitán de Granaderos de los Guardias Reales de Infantería de Reinosa. A este bloque se le ha conocido como ‘Casa del regidor’ y también ‘Casa de Pano’. Se trata de un noble edificio de sillería que presenta en la planta baja una puerta de arco de medio punto entre pilastras encima de la cual sobresale un balcón corrido de piedra y otros dos balcones en forma de púlpito, es decir, de planta semicircular en los laterales. El escudo de armas del marqués de Cilleruelo adorna la fachada. Otros edificios datables en el XVIII son la casa nº de la avenida Cantabria, conocida como ‘casa de Caballero’, cuya fachada está ornada con un escudo; o el nº 2 de la Plaza de España

Tras pérdida que supuso la destrucción de parte del patrimonio arquitectónico a manos del ejército napoleónico, el siglo XIX trajo consigo un cambio notable en el urbanismo de la villa. Frente a la homogeneidad del inmueble propio del siglo XVIII empezaron a aparecer construcciones monumentales y, en paralelo, el crecimiento a lo largo de las calles introdujo la necesidad de elementos articuladores, apareciendo paseos, alamedas, plazas y kioscos (no obstante, no fue hasta el siglo XX cuando la villa empezó a urbanizarse y a crecer también a lo ancho). Los múltiples edificios construidos en el siglo XIX y principios del XX presentan abundantes galerías acristaladas y miradores tradicionales, conformando un conjunto arquitectónico singular en el núcleo urbano de esta villa. Otro elemento peculiar del paisaje urbano de Reinosa son los soportales. En las inmediaciones de la Plaza de España, junto a la calle Mayor, se encuentran los mejores ejemplos conservados.

Como ejemplos singulares de la arquitectura de principios del XIX sobresalen varias construcciones públicas: la casa consistorial, La Casona y el cementerio. Respecto del ayuntamiento, hay constancia de la existencia de una sede consistorial desde el año 1600. En cualquier caso, el primitivo edificio habría resultado muy dañado por las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia y las autoridades locales encargaron la erección de otro. En 1829, la Academia de Bellas Artes de San Fernando aprobó los planos que para dicho edificio había proyectado José F. de Peterrade, maestro de obras de Santander. En 1833 y tras haberse introducido varios cambios, comenzaron las obras. Un siglo después, el 16 de febrero de 1932, el edificio ardió completamente. Tras ser reconstruido bajo la dirección del arquitecto Enrique de Nicolás, se reinauguró el 3 de octubre de 1935. Se trata de una construcción con fachada de sillería en cuyo bajo se abre un soportal de cinco arcos de medio punto, sobre el cual se suceden dos pisos y una buhardilla con un reloj situado en la cornisa desde 1935. La Casona, también conocida como la ‘casa de la niña de oro’ fue construida en torno a 1830, también sobre un proyecto de Peterrade. Este gran bloque de cuatro alturas vino a sustituir a otro anterior levantado en el último tercio del siglo XVIII sobre un proyecto del arquitecto Carlos Gandarillas a instancias de Luis de los Ríos Velasco que, como el ayuntamiento también sufrió graves daños en 1808 a manos de las tropas francesas (La Casona fue restaurada en la década de los ochenta del siglo XX sobre un proyecto del arquitecto Fernando Gutiérrez Polanco y declarada Bien de Interés Cultural en 1982). Por último el cementerio que fue edificado en 1833, siguiendo la estética neoclásica sobre las ruinas de la iglesia de San Esteban, destruida durante la ocupación francesa. Fue incluido en el Inventario General del Patrimonio Cultural de Cantabria en 2005.

Respecto de la arquitectura de finales del XIX, principios del XX, cabe destacar en el ámbito público el Mercado de Abastos, construido en 1882 (rehabilitado en los años 1986-1987 por la Escuela Taller sobre un proyecto de José María Pérez ‘Peridis’); las escuelas de niños (1886), que responden al modelo de escuela unitaria y fueron levantadas sobre un proyecto de Alfredo de la Escalera; el Teatro Principal, inaugurado en el año 1893 coincidiendo con las fiestas patronales de San Mateo y levantado en el solar que ocupara otro inmueble también destinado a espectáculos (el teatro fue rehabilitado en 1991 sobre un proyecto de Antonio Riviere Gómez). En el ámbito privado, entre las construcciones finiseculares son numerosos los bloques de viviendas con galerías acristaladas, algunas con soportales, que se alzan en la calle Mayor y la avenida del Puente de Carlos III; entre las viviendas singulares sobresalen la casuca Ascensión, documentada en 1886 y reformada en los treinta del pasado a fin de darle un aspecto regionalista, por su entonces propietario Ramón Sánchez Díaz (el escritor da nombre al edificio reconvertido en Casa de Cultura; la casa de los Cossío (1909) sobre un proyecto de Tomás Gómez-Acebo y Retortillo en forma de T con una fachada de sillería; el chalet de Alfa, construido en 1903 de estilo ecléctico; y las casas-chalets de la calle Casimiro Sainz, construidos en torno a 1899.

Como muestra de la arquitectura de las primeras décadas del siglo XX cabe señalar la Casa del Pueblo, antigua casa-hotel de Miralve construida en 1916; la colonia de viviendas en Las Eras y las viviendas del Grupo Carlos Pinilla levantadas en cemento y ladrillo al calor de la instalación de la Sociedad Española de Construcción Naval; varios bloques de casas con galerías de la calle mayor (nº 30, levantado en 1928; nº23, levantado en 1923, bajo dirección de Valentín R. Lavín del Noval; nº1 levantada en 1922); el conjunto de casas-chalets de la Ciudad Jardín, surgida en los terrenos que La Naval vende a particulares a partir de 1928; y el colegio público Concha Espina, inaugurado en 1931 sobre un proyecto de estética regionalista del arquitecto Valentín R. Lavín del Noval.

En Reinosa también se localizan diversos ejemplos de arquitectura contemporánea, entre ellos la ampliación de la Casa de Cultura ‘Sánchez Díaz’ (1958) del arquitecto Ángel Hernández Morales, el complejo hotel y discoteca ‘Vejo’ (1969) de Ricardo Lorenzo y la central de Telefónica de Clemente Lomba y Eduardo Manzanares Campo, reconocido en los premios Ortega Fernández/José González Alloza del Colegio de Arquitectos de Cantabria de 1994.

 

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Tomo 723, Folio 165, Sección 8ª, Hoja S11607, Inscripción 1ª     Aviso Legal / Política de privacidad/ Política de Cookies