LA CRUZ DE CRISTO Y CONSTANTINO I EL GRANDE
En los evangelios canónicos se narra la condena a muerte, la crucifixión y el entierro de Jesús en Jerusalén. Tres siglos más tarde, el emperador romano Constantino I el Grande organizó una expedición destinada a identificar los escenarios del episodio de la Pasión. Bajo un templo pagano, en un paraje señalado por las autoridades cristianas locales como “Jardín del Gólgota”, se hallaron los restos de un cementerio que fue reconocido como “el venerable y santificado monumento de la resurrección de nuestro Salvador” (Eusebio, Vida de Constantino).
Sobre el solar, el emperador hizo erigir en el lugar la iglesia del Santo Sepulcro, un gran complejo integrado por cuatro bloques: una rotonda que alojaba la tumba de Jesús (Anástasis/resurrección), un atrio en torno a la roca del Calvario, una basílica y un gran patio.
Los orígenes de esta iglesia se superponen con la tradición relativa a la localización de la cruz a la que fue clavado Jesús, labor que la tradición atribuye a Elena, la madre de Constantino. Elevada a la categoría de “augusta” por el emperador, promovió la fundación de hospitales, iglesias y monasterios por todo el imperio.
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