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01/05/00

El obispo de Santander, José Vilaplana, abrió la Puerta del Perdón y dio inicio al Año Santo

g. GUTIERREZ SANTO TORIBIO En la jornada de ayer dio comienzo el Año Jubilar Lebaniego con la apertura de la Puerta del Perdón, ceremonia presidida por monseñor José Vilaplana, obispo de Santander. Destacó la presencia de varios obispos de distintas diócesis españolas, de las máximas autoridades de la Comunidad Autónoma, alcaldes de la comarca y alrededor de cinco mil peregrinos. Todos ellos llegaron hasta Santo Toribio para refrendar que se trata del Año Jubilar de mayor transcendencia y repercusión de la antiquísima historia del monasterio, no sólo debido a la emblemática fecha que abarca, incluido el cambio de siglo y de milenio, sino también por el empeño de los organismos competentes para dotar a este evento religioso de la dimensión universal que merece. El tiempo acompañó; apenas unas nubes en los Picos de Europa. Desde primeras horas de la mañana, comenzó el flujo de los cruceros, los peregrinos de La Cruz. Llegaban a pie, en vehículos, incluso a caballo, procedentes de todo el orbe cristiano. Peregrinos de todo el mundo se reunieron en los aledaños del monasterio en refuerzo de la fe y en búsqueda de la esperanza. A las 13 horas, comenzaron los actos solemnes de la ceremonia. El Guardián Superior del Monasterio, el padre Victoriano Zabalgogeascoa, dirigió un mensaje de salutación y bienvenida a todos los presentes. A continuación, se procedió a la lectura del escrito otorgado por la Sagrada Penitenciaria Apostólica, que concede a perpetuidad la Indulgencia Plenaria a cuantos peregrinos cumplan con sus sencillos requisitos. Poco después, se divulgó el evangelio de San Lucas, que proclama que «Jesucristo es la puerta y quien por ella entra, se salvará»; evangelio de enorme significación en esta jornada. A las 13,19 horas, monseñor Vilaplana golpeó tres veces la Puerta del Perdón en medio de un estremecedor silencio que convirtió los tres martillazos en sonoras voces rotundas, secas. La puerta se abrió con un leve chirrido de sus goznes y cuando las autoridades traspasaron el umbral para obtener el perdón y asistir a la misa, una riada de peregrinos abarrotó el templo. Miles se quedaron fuera.


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