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24/09/99

Varios expertos debatieron sobre la obra y el ambiente histórico del monje lebaniego

La gran concentración de monasterios que, al amparo del murallón de los Picos de Europa, fueron estableciéndose en Liébana ha posibilitado el legado de una cantidad apreciable de fuentes para conocer el ambiente histórico, artístico y cultural de la época en la que se enmarca la «misteriosa» figura de Beato de Liébana. Una época, la de la segunda mitad del siglo VIII, donde un libro valía el equivalente a tres vacas preñadas, según explicó ayer el historiador Joaquín González Echegaray. La principal obra de este monje lebaniego, sus «Comentarios al Apocalipsis», suscita, aún, un vivo debate sobre su trascendencia en los debates teológicos de la época. Para aclarar, en la medida de lo posible, la cuestión, se dieron ayer cita, dentro de las actividades del VIII Congreso de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval, en una mesa redonda, el historiador citado, Modesto Sanemeterio, presidente de la asociación «Año Jubilar Lebaniego», el catedrático de la Facultad de Letras de la Universidad de Lisboa, Aires Nascimento, el latinista de la Universidad de Santiago de Compostela, José Manuel Díaz de Bustamante, y «el mejor conocedor de la historia del moncato» en España -según el académico Francisco Rico-, Antonio Linage Conde. Desde perspectivas diversas, todos coincidieron en la necesidad de profundizar en el estudio de la obra de Beato y su ambiente, más que en lo referente al estudio artístico de las iluminaciones de los «beatos». «Si se estudian las iluminaciones sin conexión con el texto, éste pierde algo de su sentido», opinó Linage. Díaz de Bustamante, en concreto, se refirió a Beato como «la figura más misteriosa de los grandes escritores hispánicos». Achacó tal nebulosa visión a la falta de estudios sobre su obra, frente a la profusión de estudios sobre sus fuentes. Por ello, consideró interesante profundizar en las indagaciones sobre la postura que mantuvo Beato en contra de la herejía del adopcionismo. Esta corriente, según la cual Jesucristo no sería hijo de Dios, llevó al obispo de Toledo, Elipando, a sostener una dura disputa con el exégeta lebaniego, ya que consideraba que dicha teoría favorecería sus relaciones con el Islam. El propio Rico recordó, a este respecto, que Elipando calificó a Beato como «cojón del Anticristo». Díaz de Bustamante manifestó su predilección «por el Beato polemista y virulento, más que por el escriturista». Nascimento, por su parte, como ya hiciera el día anterior, se decantó por una visión más espiritual y didáctica del «Comentario a la Apocalipsis». También Linage apuntó a esta línea espiritual y meditativa al señalar que, frente a la teología escolástica -«que vendría después»-, algunos colocan a Beato como un representante de la teología monástica. «A la teología monástica, que no es propiamente una teología, le basta con la mera contemplación», consideró. González Echegaray, por su parte, anunció que en breve estará listo un estudio suyo, conjuntamente con Alberto del Campo, que recopilará todas las cartas de la época. «Nos ayudará a ver la repercusión de Beato en ambientes como la corte de Carlomagno», añadió. Esta relación entre los monasterios de Liébana, en el primigenio Reino de Asturias, con la corte carolingia, fue también abordada en el debate. «Si hasta hoy mismo cuesta llegar a Liébana, ¿cómo se podían relacionar con Carlomagno y su corte?». Echegaray situó estas relaciones en el contexto de un escenario político donde Beato ocupó una posición central entre el Toledo de Abderramán, la corte asturiana de Alfonso II y el reino de Carlomagno. Hubo también referencias a la obra de Beato como exponente de una comunidad, más que de un autor. Díaz de Bustamante afirmó estar interesado, «desde hace años», en generar un texto vertical que, por agrupaciones mediante la informática, posibilite «rastrear hasta la última coma de todos los textos de la época para ver las coincidencias y qué es lo que corresponde a Beato». Con todo, Linage indicó que «no se puede aplicar a Beato la noción de originalidad que damos a un escritor del siglo XX». Sanemeterio, quien ofreció a la AHLM la posibilidad de abrir vías de colaboración con la asociación que preside, se refirió al monje de los Picos de Europa como «el pórtico de la Edad Media cultural. Sin él es imposible entender la obra de San Isidoro».


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