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26/04/00

TRIBUNA LIBRE: Año Jubilar Lebaniego, camino del tercer milenio

José Antonio Cagigas, consejero de Cultura y Deporte

El próximo domingo día 30 la Puerta del Perdón del Monasterio de Santo Toribio de Liébana volverá a abrirse para recibir bajo su arco a los numerosos peregrinos que, desde distintas partes del mundo, vendrán a venerar el Lignum Crucis, con el fin de acogerse a sus beneficios espirituales. El nuevo Año Jubilar cobra además, en esta ocasión, una especial singularidad por celebrarse a caballo entre dos siglos y en el camino del tercer milenio. Pero sin esperar a ese día, muchas y variadas han sido ya las actuaciones que la Consejería de Cultura y Deporte ha llevado a cabo para dar la mayor difusión posible a este Lebaniego del 2000. Desde interesantes ponencias en un symposium que ha reunido a prestigiosos especialista en peregrinaciones y lugares santos, hasta conciertos a cargo de grandes orquestas internacionales que nos han hecho disfrutar de páginas memorables de la mejor música religiosa, o montajes teatrales que nos han ofrecido un viaje en el tiempo que nos lleva a la época medieval, con sus misterios, creencias y personajes. Se trata de un mundo que conocieron las personas que desde el comienzo de los tiempos se acercaban a Liébana para venerar las reliquias que atesoraba el Monasterio, verdadera cunade la cultura en el Medievo, y foco desde el que se dispersaron importantes corrientes del pensamiento y del arte. Muchas veces hemos insistido que no queremos que esta celebración explote durante los primeros días con un apretado programa de actividades, y que luego vaya languideciendo el resto del año, sino que sea una atractiva convocatoria que se mantenga en el tiempo y que ofrezca a los ciudadanos una serie de propuestas de calidad. Estamos convencidos de que el reclamo de la belleza de los parajes lebaniegos son un marco inmejorable para impregnar de contenido cultural y artístico las demandas de personas de distinta condición que van buscando algo más para pasar sus momentos de ocio. Nuestro proyecto es aún más ambicioso, pues con la excusa del Lebaniego, queremos que los visitantes puedan conocer en mayor profundidad Cantabria, una región llena de contrastes y que ofrece unas posibilidades que yo calificaría de únicas e incomparables. Para ello, nuestro esfuerzo debe ser permanente, y aunque las metas son importantes, debemos trabajar en proyectos que aunque parezcan pequeños, vayan conformando una propuesta que nace con una clara vocación universal. Santo Toribio de Liebana tiene un privilegio ancestral que comparte con otras tres capitales de la cristiandad: Santiago, Roma y Jerusalén. Bien sabemos que éstas tienen una repercusión mayor que nuestro Año Jubilar, pero esto es un dato que no nos debe limitar, sino todo lo contrario, nos debe servir de acicate para aspirar a ocupar el puesto que nos corresponde como centro de peregrinaje, como lugar santo y de encuentro entre distintas culturas. Sin duda se trata de un esfuerzo costoso y que requiere del concurso de todos, pero que verá sus frutos en un futuro no muy lejano con la ilusión que debe presidir nuestros actos. Recorrer caminos que fueron abiertos por nuestros antepasados nos ayuda a comprender nuestras tradiciones y nuestro legado histórico. Al igual que en tiempos remotos, los senderos que se adentran por nuestras costas y nuestros bosques deben ser cauces de comunicación y de acogida donde se crucen personas diferentes pero con un afán común, el recuperar, aunque sólo sea por unos días, una forma de vida y pensamiento que sirvieron de base a lo que hoy conocemos y estamos viviendo. El establecimiento de un diálogo muy especial que nos pone en contacto con los millones de personas que antes que nosotros, se aventuraron en estos senderos y que dejaron su impronta a lo largo del camino. Afirmaba Umberto Eco en su novela ÊEl nombre de la rosaË que Êla contemplación de la belleza entraña la pazË. En una sociedad donde reina la prisa y la competitividad, donde al hombre y a la mujer apenas se les da un respiro para reflexionar sobre su condición y destino, Liébana y Cantabria ofrecen al nuevo peregrino un remanso de tranquilidad; un espacio de pensamiento y de encuentro, un trayecto que pretende llevar al viajero a la reflexión y al disfrute, en una región donde el contacto con la naturaleza y la historia es permanente.


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