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Disfrutar en Liébana

José Ignacio Arminio Roiz

La bella comarca de Liébana, enclavada entre los Picos de Europa y la meseta castellana, tiene un magnetismo especial. Lo tiene para los lebaniegos, muchos de ellos emigrantes, que vuelven a su tierra cada vez que pueden, aunque para ello tengan que desplazarse desde México o Guatemala, por poner un ejemplo. Los lebaniegos, repartidos por el mundo, no quieren perderse citas entrañables, como el Año Jubilar, las fiestas de La Santuca, La Cruz, Todos los Santos, etc. Y que decir del visitante, que encuentra en la comarca un poco de todo (historia, religión, etnografía, naturaleza, paisaje, gastronomía, deporte...) y que, como los lugareños, también vuelve. Siempre se encuentra un buen motivo para volver a esta entrañable comarca. En los últimos años, Liébana también está inmersa en una nueva «revolución»: el turismo rural. Los pueblos de Liébana, casi despoblados por la emigración a las ciudades desde mediados del siglo XX, ya se encuentran preparados para ofrecer a los turistas una completa red de alojamientos en casas rurales, apartamentos, hoteles, campings. Igualmente, se han creado, entre otros muchos servicios, empresas de multiaventura para que los visitantes puedan hacer rutas de montaña (a pie, a caballo, en bicicleta....), descenso de ríos, parapente, escalada, espeleología, etc. Para los que quieren evitar riesgos, la comarca brinda otras muchas actividades, como el ascenso a los Picos de Europa a través del teleférico instalado en Fuente Dé o la visita al Monasterio de Santo Toribio e iglesias tan destacadas como la románica de Piasca (siglo XXII) o la mozárabe de Lebeña (siglo X), así como casonas y torres medievales, vestigios de una historia milenaria.

Ferias y fiestas

La Liébana es una comarca muy religiosa y de tradiciones inmemoriales que se han perpetuado en sus fiestas. En Potes, su capital, se celebra un mercado todos los lunes, tradicional y de raíces históricas, en el que los lebaniegos ofrecen los productos de la tierra. Las principales ferias de ganado también se celebran en Potes y es de destacar la del día de Todos los Santos (2 de noviembre). Las fiestas religiosas son las más arraigadas en el espíritu local. La principal es la de la Virgen de la Luz (La Santuca), patrona de la comarca, que se celebra el 2 de mayo. La otra fiesta de multitudinario seguimiento en Liébana es la de la Santa Cruz, el 14 de septiembre, en la que se venera el Lignum Crucis. Potes también celebra Nuestra Señora de Valmayor, el 15 de agosto. Otra romería importante es la que tiene lugar el 2 de julio, jornada en la que se festeja a la Virgen de la Luz en los puertos de Aliva, en los Picos de Europa. Una conmemoración campestre y muy especial es la del Sagrado Corazón de Jesús, en el Pico San Carlos, que recuerda, cada cinco años, el estreno del «Himno del Sagrado Corazón», en el año 1.900, a cargo del compositor lebaniego Jesús de Monasterio. Entre otras muchas fiestas y romerías, cabe hacer referencia a la de San Tirso, que se celebra en la ermita del mismo nombre, en una pradera situada encima del pueblo de Ojedo.

Gastronomía

A Liébana se la puede considerar como una de las zonas que mejor y con mayor variación conserva costumbres y tradiciones; éstas confieren a su cocina evidentes peculiaridades y rasgos. Los platos más originales de cada valle van inseparablemente unidos a las materias primas, encontrándose aquí muchas posibilidades por la abundancia de éstas. El plato más tradicional es el cocido, hecho con garbanzos. El privilegiado clima permite una despensa vegetal abundante y fresca: guisantes, habas, tomates, patatas, judías verdes, lechugas, zonahorias, berzas, repollos, ajos, cebollas rojas (muy famosas en el valle de Bedoya), garbanzos (pequeños y muy finos), maiz, fréjoles, alubias, lentejas y trigo, alguno de estos productos ya desaparecidos. Y que decir de las frutas: cerezas, fresas, guindas, ciruelas, peras, manzanas, higos, brevas, melocotones, nueces, almendras, avellanas y castañas. Otro rasgo singular es la utilización de la rica y variada fauna de sus bosques y ríos, destacando platos de caza (jabalí, venado, corzo...) y pescado (trucha y salmón). Mención especial merecen los caracoles (muy grandes) y las setas, ambos muy abundantes. En el apartado de dulces destacan los elaborados a partir de la leche, como son las natillas, el arroz con leche y los frisuelos. Tampoco hay que olvidar la importancia de la producción artesanal de la miel.

Carnes y quesos

El ganado vacuno, que se orienta a la producción de leche y de carne, es factor decisivo en la economía y en el comer local. La cocina está, por tanto, basada en la calidad que tienen sus carnes. Destacan las chuletas de ternera, el lechazo y el cabrito asado o guisado, así como las chuletillas de cordero fritas. La carne identificada con Denominación de Calidad procede de animales alimentados de forma natural y acorde con las necesidades de cada fase de desarrollo. Por otro lado, el cerdo, tras la matanza, además de su carne fresca de gran calidad, es fuente de extraordinarios embutidos, con especialidades como los boronos y la chafaina, los chorizos caseros, las morcillas y la cecina, aunque ésta suele ser de vaca o de cabra. Los jamones son, sin duda, los más apreciados de Cantabria. Los callos es plato típico de los lunes de mercado. La ganadería es un factor importante en la economía lebaniega. Para muchos de sus pueblos, especialmente los más altos, es el principal medio de vida. También sirve de base para la elaboración artesana de una serie de productos derivados que, por su calidad, han llegado a tener un merecido renombre. Destaca el queso, algunos curados como antaño en las cuevas y los puertos donde se hacía el ordeño del ganado. La denominación de origen Quesucos de Liébana fue regulada en 1987. Más reciente es la denominación de origen Picón Bejes-Tresviso. Los quesos se hacen con leche de vaca, cabra u oveja.

Bebidas

Se dice que fueron los romanos quienes introdujeron los viñedos en Cantabria y especialmente en Liébana, por las condiciones tan excepcionales que ofrece su clima mediterráneo. Los viejos cartularios de los monasterios no dejan de referirse al vino. Toneles, bodegas y lagares figuran en donaciones y ventas; tampoco faltaba en las viviendas lebaniegas. No obstante, en la actualidad es el aguardiente de orujo, extraído con sabiduría de siglos por las típicas alquitaras, el que ha alcanzado fama internacional. La denominación de calidad Orujo de Liébana ampara la obtención, elaboración y comercialización del aguardiente destilado en la comarca, que ha dado origen a la creación de una industria artesana que ha trascendido las fronteras del valle y difundido su prestigio por toda España. Otro producto tradicional es el tostadillo, vino dulce parecido al moscatel. Por último, cabe nombrar el vino de yema.

Etnografía

La comarca, una gran caldera recluida en sí misma por sus montañas y por la dificultad de acceso desde el exterior, ofrece una verdadera reliquia etnográfica al visitante. Este aislamiento ha permitido que se hayan preservado manifestaciones únicas. La explotación de los recursos de la tierra ha permitido al lebaniego, desde antiguo, un medio de subsistencia ciertamente precario, pero suficiente. La piedra y la madera le han servido para construir sus viviendas y el suelo fértil para obtener sus recursos alimenticios. La artesanía es el otro sector en la vida económica que se ha utilizado como elemento necesario para sus tareas y como rudimentaria empresa comercial. Cada lebaniego ha sido labriego, pastor y artesano.

Naturaleza

La Liébana es un valle de forma circular, una enorme caldera. En el centro de halla el monte Viorna y en sus faldas el Monasterio de Santo Toribio. Esta enorme depresión se halla cerrada por las paredes montañosas de la Cordillera Cantábrica, que alcanza aquí su mayores alturas del sistema, y por los Picos de Europa, ese prodigio geológico de piedra caliza. Los 2.600 metros de las cumbres más altas y los 300 metros de Potes o los 100 de La Hermida, nos dan una idea aproximada del carácter abrumador de los farallones que circundan el valle. El anfiteatro lebaniego ha sido excavado por el curso de los ríos que se precipitan desde las cumbres con tres nombres principales: Deva, Quiviesa y Bullón, que han formado los valles más importantes y una multidud de arroyos y torrentes. El resultado que producen las extraordinarias condiciones del valle configuran un microclima realmente peculiar, entre atlántico y mediterráneo. También podemos asegurar que no existe en todo el norte peninsular un enclave con las condiciones que ofrece La Liébana para el desarrollo de especies vegetales. La población animal se halla casi en la misma proporción que la vegetal, aunque algunas especies, antaño muy abundantes, se encuentran reducidas o prácticamente desaparecidas, como el oso y el urogallo. Algunas de las especies terrenas más abundantes son: jabalí, zorro, lobo, venado, corzo, rebeco, gato montés, tejón, garduña, comadreja, marta, nutria, liebre, erizo, ardilla, etc. Entre las aves, cabe resaltar la presencia del águila imperial, águila ratonera, milano, gavilán, halcón, cárabo, alcontán, lechuza, búho, buitre, perdiz roja, chocha, tórtola, paloma torcaz, etc. La especies fluviales más afamadas son la trucha, el salmón y la anguila.

 


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