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El Año Jubilar lebaniego

Francisco Odriozola Argos / Secretario del Patronato del Año Jubilar

El obispo de Santander, Monseñor. José Vilaplana Blasco, acaba de convocar la apertura del Año Jubilar Lebaniego, que se prolongará desde el 30 de abril de este año al 29 de abril de 2001, en su sede del Monasterio de Santo Toribio de Liébana, que guarda, según la tradición cristiana, el mayor trozo de la cruz donde murió Jesucristo, el Lignum Crucis. La gracia de indulgencia plenaria que confiere en las debidas condiciones la concesión de la sede apostólica se remonta a siglos atrás.

Efectivamente, según consta en documentos de 1507, el jubileo tenía lugar «desde tiempo inmemorial» a partir del 16 de abril, Fiesta de Santo Toribio, cuando esta festividad coincidía en domingo. (El hecho de retrasar la apertura este año al 30 se debe tan sólo a la coincidencia de la Pascua de Resurrección que pastoralmente exige la presencia del obispo y de los párrocos en sus templos respectivos).

Así, se estaba en quieta posesión del privilegio hasta que surgieron dudas entre distintas autoridades eclesiásticas de diferentes obispados colindantes sobre el alcance de la concesión pontificia y los monjes del Monasterio de Santo Toribio de Liébana, poseedores seculares de esa singular gracia, acudieron al Papa Julio II (Giuliano de la Rovere), que para resolver la cuestión nombró jueces apostólicos a los abades de Oña, Sahagún y San Vicente de Oviedo. Dictó sentencia don Alfonso de la Madrid, abad de Oña, favorable al Monasterio, y el Papa León X (Giovanni de Médicis) sucesor de Julio II, publicó el 30-II-1513 y el 10-II-1515 dos bulas que se conservan en el Archivo Histórico Nacional confirmando esta sentencia. Desde entonces, ya no se ha interrumpido el jubileo. Más aún, el Patronato designado por el obispo José Eguino y Trecu en 1958 no sólo reconstruyó el Monasterio, sino que obtuvo de la Penitenciaría Apostólica que aquella remota gracia limitada a una semana se extendiera en favor de los files a todo un año (bajo el pontificado de Pablo VI –Giovanni Battista Montini– y con su expresa autoridad el 22-III y 25-IX-1967).

Así las cosas, monseñor Vilaplana, actual obispo de Santander, ha tenido el acierto de seguir plenamente la norma que para eventos religiosos con repercusión social marcaba ya en 1881 el cardenal Desiré Joseph Mercier, en el Congreso Católico de Malinas, es decir, distinguir bien los fines y logros espirituales que se pretenden del cortejo de iniciativas meramente profanas que necesariamente han de acompañarlo. En esto, el obispo montañés ha sido tajante. A él sólo le corresponde la primera vertiente; respeta y agradece cualquier otra iniciativa.

La conmemoración de este Año Jubilar pretende «revitalizar la vida cristiana con la conversión personal, el seguimiento cercano de Jesucristo y la vivencia del misterio de la Cruz», como sugiere el obispo Vilaplana Blasco. Para ello ha dispuesto la celebración todos los días a las doce del mediodía, de la Misa del Peregrino, que se iniciará con la entrada de los fieles por la Puerta del Perdón; organizará peregrinaciones arciprestales de fieles en general, de jóvenes (incluso a pie), de matrimonios, de enfermos, de religiosos, de las diócesis colindantes, de organizaciones laicales, de España y del extranjero.

Habrá ciclos de conferencias sobre los orígenes del Cristianismo en la Montaña; proyección de Santo Toribio en Cantabria; San Beato de Liébana en la controversia adopcionista; los beatos miniados en el comentario del Apocalipsis; monasterios lebaniegos desde el siglo VIII; conciertos de música mozárabe y gregoriana en el Monasterio y en las iglesias de Santa María de Lebeña y Santa María de Piasca, y no se abandonará a los niños para quienes se redactaban unas carpetas didácticas, vídeos, etc.

Se restauraron definitivamente las ermitas de Cueva Santa y Cambarco y se orlaron las de Congarna, Santa Catalina y San Miguel con la institución de la ruta de los eremitorios.

Se ha hecho asimismo una búsqueda en los archivos musicales españoles para ofrecer a la comunidad franciscana las composiciones de los tres últimos siglos en honor de Santo Toribio.

El lema de la convocatoria de 2000 es «Júbilo y Esperanza» en actitud abierta, a todas las iniciativas, a todas las personas, a todas las diócesis, a todas las naciones...

Se ha editado un bello cartel anunciador que lleva en nítida fotografía en grande el Lignum Crucis tan sólo con el significativo lema referido en fondo negro.

La comunidad francisca ha puesto vitrales nuevos, un órgano austríaco, ha dispuesto la capilla penitencial, ha mejorado la iluminación y la megafonía y ha adquirido unas bellas casullas de tisú.

Durante siglos, la región lebaniega donde se emplaza el monasterio correspondía a la jurisdicción episcopal de León, pero en virtud del artículo IX del Concordato de España con la Santa Sede de 27-VIII-1953, en que se pretendía que las diócesis se acomodasen a los límites de las provincias civiles, las parroquias leonesas de los arciprestazgos de Liébana y Bedoya se incorporaban a la diócesis de Santander por decreto de 24-III-1856.

A partir de ese momento, el obispo José Eguino y Trecu proyecta la reconstrucción del centenario monasterio que hubieron de abandonar los Padres Benedictinos a tenor del decreto de Juan Alvarez Mendizábal de 19-II-1836 (que declara en venta todos los bienes de esa corporación religiosa suprimida) y mantenido abnegadamente por el clero secular durante ciento veinte años, pero con notorio físico en tanto tiempo. La piedad de los fieles no decayó por el culto a la Cruz, por la Cofradía de la Vera Cruz instituida en 1172 y por el turno local, aldea por aldea, de visitar los viernes, del 16 de abril al 5 de octubre, que los lugareños definen con estas dos palabras: «la vez».

El Monasterio de Santo Toribio de Liébana está situado en uno de los repliegues casi cimero del Monte Viorna, a cuatro kilómetros de Potes, en el término municipal de Camaleño, en el centro geográfico de la región Oeste de Cantabria. Fue fundado antes del siglo VI bajo la advocación de San Martín, nombre que simultanea un tiempo con el de Santo Toribio hasta que prevalece esta sola denominación a partir del siglo XII.

Fue, ciertamente, uno de los más importantes núcleos espirituales de la historia cristiana española. Cuando se inicia la invasión musulmana adquiere una importancia fabulosa; protegida por la fortaleza de los Picos de Europa, ofrece en su valle seguro y quieto refugio para la cultura visigótica. Más de veinticinco monasterios son edificados al abrigo de esos picachos nevados: Santa María de Piasca (dúplice), Santa María de Lebeña, San Salvador de Villeña, San Esteban de Miese,s San Facundo y San Primitivo de Tanarrio, Santa María de Cosgaya, San Adrián y Santa Natalia de Sionda, en Argüébanes, San Pedro de Viñón, Santa María de Lebanza...

En ellos perfeccionaron su virtud quince santos nacidos en un territorio de treinta kilómetros de radio, que ahora exornan la Puerta del Perdón en bellas imagúnculas en bronce que trabajara el insigne escultor Manuel Pereda de la Reguera. Y también de las tierras que abrazan estos cenobios son los hombres que inician y continúan la Reconquista. La tradición señala a no mucha distancia del Monasterio de Santo Toribio los solares que fueron cuna de don Pelayo, de Favila, de Alfonso I, etc.

Del Monasterio de Santo Toribio surge la más importante oposición al desvío doctrinal del adopcionismo. San Beato de Liébana hace oír su inflamada voz desde los montes lebaniegos y a una con Heterio, obispo de Osma, impone su sabiduría sobre los errores difundidos por Félix de Urgel y Elipando de Toledo. Además, este monje lebanense, con sus «Comentarios al Apocalipsis según San Juan», hace que España esté, por primera y única vez en la historia a la cabeza espiritual del mundo cristiano. Sólo por el repliegue ante la invasión musulmana se explica que Beato tenga a su disposición para glosar el Apocalipsis una buena biblioteca como se infiere del cotejo de las fuentes literarias empleadas: San Jerónimo, San Ambrosio, San Agustín, Victorino, Tyconio, San Gregorio Magno, San Isidoro de Sevilla, San Fulgencio, Apringio de Beja y otros escritores de la antigüedad.

Allí, en el escritorio monacal, se crean las primeras ilustraciones que dan vida a los textos y que durante varias centurias se reproducen por toda la Europa culta y sirven de apoyo a la escultura que prepondera en el arte románico inicial.

Del primitivo monasterio, en realidad, nada ha llegado a nuestros días. En excavaciones efectuadas en el templo actual han aparecido cimentaciones correspondientes a dos edificaciones de los siglos X y XII. Del edificio monacal la parte más antigua es el templo, gótico primitivo, edificado en 1256. Está formado por tres naves de igual altura cubiertas por bóvedas de crucería cuyas nervaturas descargan en los muros laterales sobre ménsulas decoradas con cabezas humanas o de animales. De época anterior son las puertas de acceso al templo. La principal es románica de transición, con capiteles decorados y más antigua y modesta es la denominada del Perdón, por abrirse solamente los días del Jubileo. Ambas son abocinadas y sus arcos descargan sobre capiteles y sencillas columnas.

Lignum Crucis

Anexa al templo está la capilla de estilo renacentista, en la que se venera el Lignum Crucis, del que vamos a hablar. Es del siglo XVII, de planta rectangular con cimborrio octogonal sobre el crucero, edificada a expensas del arzobispo de Santa Fe de Bogotá Francisco de Cossío y Otero; nacido en Turieno el 12-VI-1640 y fallecido en Camaleño el 20-XI-1715.

El culto del Lignum Crucis se remonta a la misma época en que fue traído al Monasterio el cuerpo de Santo Toribio de Astorga para librarlo de las profanaciones, ocultando en las asperezas de aquellas montañas el arca con las reliquias que desde Jerusalén trajo el santo obispo asturicense. A este respecto, dice Prudencio de Sandoval, obispo de Pamplona, que «siendo rey de Asturias don Alfonso el Católico, primero de este nombre..., trajeron y se pusieron en este monasterio las arcas santas llenas de reliquias con el precioso madero de la Cruz de Cristo, y con ellas el cuerpo de Santo Toribio de Astorga, que las trajo, como dije, de Jerusalén... y que esto quieren decir las historias de Castilla...». El historiador del Monasterio, Eduardo de Jusué, de la Real Academia de la Historia, aduce, además, múltiples referencias de crónicas, bulas pontificias, fiestas litúrgicas, inventarios, etc., confirmatorios de la objetividad de este aserto del obispo Sandoval.

Hoy se conserva esta sagrada reliquia en un precioso relicario de plata sobredorada en forma de cruz, que tiene unos sesenta centímetros de largo en su brazo vertical y casi otros tantos en el horizontal, con adornos de la época del Renacimiento y con terminaciones aún más modernas. Hasta mediados del siglo XVI permaneció íntegro el sagrado leño, que según tradición era todo el brazo izquierdo de la Cruz del Salvador, pero entonces se juzgó más oportuno disponerlo en la forma actual. En cuanto a su tamaño, dice el padre Antonio de Yepes en su Crónica General de la Orden Benedictina, «que hay allí la mayor quantidad de este santo madero de cuantos se saben en el mundo...».

Analizada científicamente la reliquia en el Instituto Forestal de Investigaciones y Experiencias de Madrid en minucioso informe de los ingenieros F. Nájera y César Peraza, de 2 de julio de 1958 se llega a las siguientes conclusiones:

«1.ª El trozo de madera remitido por el capellán del Monasterio de Santo Toribio de Liébana (Santander), corresponde a la especie forestal Cupressus sempervirens L., conocida en España con el nombre vulgar de ciprés.

2.ª Por quedar Palestina comprendida dentro del área geográfica de Cupressus sempervirens L. es lógico existiesen árboles de esta especie forestal en los tiempos del Jerusalén de nuestra era.

3.ª Que dado su grado de textura, la madera objeto de este informe corresponde, dentro del género Cupressus, a una calidad de gran densidad y elevada resistencia mecánica.

4.ª Que es una madera que denota ser muy vieja, y si, por una parte, no se ha podido precisar su edad (por la necesidad de destruir por carbonización la madera objeto del estudio mediante la determinación del Carbono-14), por otra, sus características macroscópicas no excluyen en ningún caso la posibilidad de que dicha madera pueda alcanzar una edad superior al período de tiempo correspondiente a nuestra era»

Le fueron concedidos los máximos honores militares por orden de 28-III-1957.

El Lignum Crucis hizo que en épocas pretéritas se designase al monasterio con el nombre de «La Pequeña Jerusalén». Por cierto, desde el 16 de abril de 1961 los Padres Franciscanos, guardianes de los Santos Lugares, custodian esta insigne reliquia y promueven su culto, y como signo de solidaridad con las comunidades minoritarias de cristianos de Palestina pretenden apoyar económicamente durante este año alguna obra social regentada por cristianos en Belén.

 


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