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Cuando Einstein presentó la
Teoría de la Relatividad

Tres años antes de que Albert Einstein, oscuro empleado en la Oficina de Patentes de Berna, presentara la Teoría Especial de la Relatividad que cambiaría nuestro concepto del Universo, nacía EL DIARIO MONTAÑES.

A los hermanos Wright les faltaban cuatro años para desmentir a su tío, el obispo Orville, quien había asegurado que si Dios hubiera querido que los hombres volaran les habría dotado de alas. España, bajo el reinado de Alfonso Xlll, sumida en el pesimismo tras la pérdida del imperio colonial, vivía una época turbulenta. En Santander, que contaba entonces con 60.000 habitantes, el alcalde, Pedro San Martín Riva, era objeto de la rechifla general porque nadie había previsto un coche de acompañamiento y siguió a la carroza real corriendo y gritando ¡viva el Rey! El incendio de las Estaciones, por parte del pueblo, obligó a dimitir al gobernador civil, Polo y Lara, y el año 1902 conocería aún a otros dos gobernadores: Francisco Galán y Castro y Lorenzo Irazábal Echevarría, en tanto que la Diputación Provincial estaba regida por Higinio A. de Celis. Comenzaba el siglo XX, el siglo de los grandes descubrimientos, la centuria del Gran Paso Adelante en el que se iba a abrir una nueva Era, la del Espacio.

Niño repartiendo El Diario a principios del siglo XX
Niño repartiendo El Diario a principios del siglo XX

«Los que se creían fuertes y terribles cayeron, con sus espadas en alto. EL DIARIO MONTAÑES sobrevive. Esta ilustre Casa nuestra sí que es una Escuela de Periodismo. Sus raíces ahondan en la hidalguía que le es natural a esta tierra. Por eso lo que fue, al ser sembrado, un diminuto grano de mostaza, es hoy un árbol corpulento entre cuyas hojas anidan las aves del cielo. Al amparo de su sombra, cuantos trabajamos en este hogar cántabro imitamos a los claros varones que inauguraron esta Redacción y estos Talleres», escribía Polibio, cincuenta años después. Nació EL DIARIO en tiempos de veladas familiares y una intensa vida de relación entre vecinos de la misma casa. Se tomaba chocolate con bizcochos de soletilla y azucarillo; se jugaba a la lotería, a la brisca y al tresillo. Las reuniones musicales tenían su centro en el Club de Regatas y era de buen tono tomar el té en el Círculo de Recreo. Se paseaba en el Muelle y allí se hacían también las tertulias. En verano las playas de El Sardinero y La Magdalena recibían a las recatadas bañistas. La madre, o la hermana mayor, cuidaban del decoro y el qué dirán y los noviazgos resultaban larguísimos.

La primera y difícil etapa

«La Atalaya», «El Cantábrico» y «El Boletín de Comercio» eran los periódicos existentes en Santander en 1902, además de un sinfín de publicaciones de vida efímera. A finales del siglo XIX se creaba en Santander «La Propaganda Católica, S.A.». El padre Mejía concibió la idea y en la escritura de constitución figuraban Manuel Canales del Peral, José Azcona de la Sierra, Antonio Torre Castillo, Eugenio de la Fuente Rodríguez, Francisco García de los Ríos, Enrique Plasencia Bohigas, Gumersindo de la Cuesta Laso, Eduardo de Huidobro y Ortiz de la Torre y Antonio Bolado Coll. El mismo día de la firma, 5 de abril de 1900, comenzó a actuar el Consejo de Administración bajo la presidencia de José Azcona. El portavoz de los ideales de la entidad era el periódico «La Atalaya», pero el contrato terminó en 1902 por lo que se tomaron las medidas para la creación de un nuevo periódico. El 1 de agosto salía a la calle EL DIARIO MONTAÑES.

Fue nombrado director Angel Quintana Lafita, aragonés, que trabajaba en Madrid, y la primera Redacción estuvo compuesta por Enrique Menéndez Pelayo, José María Quintanilla («Pedro Sánchez»), Alfonso Ortiz de la Torre, Ramón Solano, Evaristo Rodríguez de Bedia y Justo Eguía, procedentes todos ellos de «La Atalaya». «La doctrina y la forma de proceder de este periódico deberían ser esencialmente católicas, y la misión que le cumplía, por tanto, a EL DIARIO MONTAÑES, era luchar sin tregua contra los enemigos de la Religión y de España», decía Quintana.

Instalaciones de El Diario Montañés en la Albericia, su emplazamiento actual.
Instalaciones de El Diario Montañés en la Albericia, su emplazamiento actual.

La poesía de José del Río «Pick» encontró también cabida en EL DIARIO, incorporándose posteriormente Alejandro Nieto («Amadís»), procedente de «La Atalaya». Durante la etapa de Quintana se suceden hechos importantes en la vida de la ciudad como el encendido del primer alto horno de Nueva Montaña, la inauguración del Mercado de la Esperanza, los fallecimientos de José María Pereda y Marcelino Menéndez Pelayo, la entrega del Palacio de La Magdalena a la Familia Real, el hundimiento del transatlántico «Alfonso XIII» en la bahía o la colocación de la primera piedra de la Casa de Salud Valdecilla.

EL DIARIO comenzó a editarse con dos máquinas «Marinoni», de una lentitud exasperante, y la composición se hacía a mano aunque más adelante se instaló una máquina de doble reacción y se adquirieron las dos primeras linotipias que hubo en Santander. Esto ocurría poco antes de la primera guerra mundial. En años sucesivos se mejoraron los elementos tipográficos y se compró una tercera linotipia.

El cambio de Arrarás

El gran cambio se produjo a partir de 1925, cuando asumió la dirección Joaquín Arrarás, un joven periodista formado en la escuela de «El Debate». Con él se emprende la reestructuración técnica y de redacción, abandonándose el local del Palacio de Macho, en la calle Hernán Cortés, para disponer de un edificio propio en la calle del Arcillero donde se montó una rotoplana, al tiempo que se inició la modernización del ajuste. EL DIARIO publicó un número extraordinario dedicado a la inauguración de la Casa de Salud Valdecilla que es hoy un documento de obligada consulta. Melchor Ferrer, tradicionalista, fue nombrado director en 1929. La situación política era cada vez más difícil. Se sucedían las amenazas de asalto al periódico, que mantenía sus tradiciones. Durante algunos meses del año 1931 en las mesas de los redactores, junto a la máquina de escribir, las cuartillas y la pluma, se colocó una pistola.

Florencio de la Lama marcó una época en el periódico
Florencio de la Lama marcó una época en el periódico

En un lugar accesible de la Redacción había también un mosquetón y un rifle por si hubiera necesidad de usarlo. El día 10 de agosto de 1932, el periódico es cerrado por orden gubernativa, emanada directamente del Gobierno de la República. Pocos meses antes de este cierre había tomado posesión del cargo de director Arce, el cual fue sustituido por Manuel González Hoyos, que es nombrado director durante los días del cierre obligado; el 26 de agosto reaparece el periódico en los momentos turbulentos de la II República. La Redacción se nutrió con periodistas de indudable peso en el periódico. Estaba ya José Pérez Parada y entraron Ramón San Juan Corrales y Julio Jenaro Abín. De Potes llegó un joven corresponsal, Florencio de la Lama, a quien ya había intentado traer Arrarás. Aconsejado por su padre, médico, que insistió en que terminara su carrera de Derecho, Florencio se quedó en la capital lebaniega pero tardó sólo un año en venir a Santander y pronto fue nombrado redactor jefe para pasar, posteriormente, a la subdirección. De la Lama marcó una era en EL DIARIO.

La guerra civil y el incendio de Santander

«Se desenvolvió EL DIARIO bajo el signo de la dispersión, del peligro y de la atonía nacional. Eran momentos en que el silencio podría significar una cobardía y los titubeos una traición», decía Manuel González Hoyos, designado director en 1932, después de una corta etapa de interinidad de Adolfo Arce. Instaurada la República, el riesgo de incautación era inminente, hecho que se produce el 20 de julio de 1936. Antes, EL DIARIO había cambiado de formato y se trajeron dos nuevas linotipias. El periódico, durante once meses, fue obligado órgano del Frente Popular. Pasa la dirección a Antonio Revaque, un afiliado a Izquierda Republicana a quien sustituye el socialista Luis Goicuría. En octubre de ese mismo año, con el mayor secreto, se edita un número especial de cuatro páginas que es lanzado en Burgos sobre las tropas de Franco, tratando de dar la sensación de normalidad en Santander con artículos inventados o haciendo refritos de informaciones de sociedad de años anteriores. Mientras los redactores trataban de salir adelante como podían, el personal de Talleres pide a Florencio de la Lama que no abandone el periódico, que se quede con ellos. Lama acepta. Se plantea un gravísimo problema: se termina el papel y el camión que trae las bobinas está en Bilbao, sin poder pasar por los frecuentes bombardeos de las tropas de Franco. Florencio de la Lama y Jenaro Alvear alquilan un taxi y se desplazan a la capital bilbaína mientras la carretera sufre los impactos del buque «Velasco». Llegan a la estación de Archanda y dos guardias de asalto les dicen que es imposible seguir. A la vuelta, cientos de coches huyen de Bilbao. El coche de EL DIARIO recoge a una mujer con cuatro niños que no sabe donde ir, la traen a Santander y la dejan en el centro de acogida de los Jesuítas. El papel se queda en Bilbao.

Después de un período de suspensión, el periódico es devuelto a sus dueños en 1938, pero la nueva situación socio-económica obligó a una reconversión de la prensa regional.

Rotativa del periódico; el avance tecnológico es constante.
Rotativa del periódico; el avance tecnológico es constante.

«La Voz de Cantabria» fue absorbida por EL DIARIO MONTAÑES y de la fusión de ambas editoras surgió «Editorial Cantabria», sociedad que hoy en día sigue siendo la editora de EL DIARIO. La absorción supuso la integración de la maquinaria de ambas imprentas y también del personal de los dos periódicos. La cabecera de EL DIARIO MONTAÑES resurgió, pues, en plena guerra civil, aunque las dificultades de aquellos años fueron enormes, con escasez de papel y rígidos controles. Esta especial situación sirvió para beneficiar al diario creado por Falange, que recibía los más amplios cupos de papel y se transformó en el medio de comunicación «oficial». El 14 de febrero de 1941 se produce la mayor catástrofe conocida por la ciudad durante el siglo: el incendio de Santander que destruye también el edificio del periódico. Manuel González Hoyos y Florencio de la Lama se desplazan a Palencia (fueron prácticamente los primeros que salieron y las noticias que dieron en la capital palentina fueron narradas a toda España por medio de las agencias de prensa) y Arturo de la Lama y Alejandro Blanco viajan a Bilbao. El día 18 -EL DIARIO sólo dejó de editarse tres días en aquel período- aparece el primer DIARIO impreso tras el incendio, realizado en Palencia por González Hoyos y Lama Bulnes. Al día siguiente, diecinueve, ven la luz dos números editados en cada población en los talleres, respectivamente, de «El Día de Palencia» y «La Gaceta del Norte». Durante seis meses, todo el personal del periódico estuvo en la Gran Vía de Bilbao, en un edificio que perteneció a «El Noticiero», donde se redactaba e imprimía el periódico, ya que Santander estaba aún en plena reconstrucción. La solidaridad de los vascos, no sólo de gente de la profesión, sino de los vecinos, fue un factor clave en la tirada de EL DIARIO en la capital de Vizcaya. En 1942 EL DIARIO MONTAÑES se instala en la calle Moctezuma que fue su Casa hasta el mes de julio de 1990.

Inestabilidad en la dirección

La etapa de Manuel González Hoyos se prolongó hasta 1967. Poeta de altura y hombre de bien, las circunstancias no fueron fáciles. Fue el director que más tiempo permaneció en el cargo. El periódico necesitaba una revitalización y se trajo de Madrid a un joven orensano que venía pisando fuerte, José Antonio Gurriarán. Cambió las estructuras de arriba abajo e introdujo la maquetación previa. Hasta entonces los originales se entregaban al taller para composición con medidas aproximadas. El mismo taller fue mejorado con la adquisición de una máquina componedora «Luwdlo», además del fotograbado. En la Redacción se introdujo el «telefax» que emitía fotografías de modo constante, aunque había que tener cierto cuidado con su manipulación. Durante su estancia se celebró en Santander la «Semana Naval» con asistencia de Franco y el gobierno en pleno. Gurriarán fue, quizás, un adelantado a su tiempo, y sus portadas e informaciones suscitaron en algunas ocasiones notables escándalos. Tal vez EL DIARIO, para salir de su atonía, precisaba noticias que llamaran la atención, pero la conservadora sociedad de entonces no lo permitía aún. José Antonio Gurriarán introdujo un nuevo estilo que, sobre todo en sus aspectos técnicos, permaneció.

Presentación del Anuario de Cantabria, un evento ya tradicional en el periódico
Presentación del Anuario de Cantabria, un evento ya tradicional en el periódico

Le sustituyó provisionalmente, aunque esta provisionalidad duró más de un año, Florencio de la Lama, subdirector de siempre. Florencio supuso para muchos de los jóvenes que trabajaron con él y que hoy han cogido el relevo y ocupan puestos de responsabilidad, un magisterio permanente. Ejerció una tutela no paternalista pero sí eficaz, aconsejando, corrigiendo y alentando. Terminada esa etapa, volvió a la subdirección, dejando el periódico en manos de José Aurelio Valdeón, un hombre campechano, populista y simpático que también venía de Madrid. En 1970, bajo su dirección, EL DIARIO MONTAÑES redujo su tamaño pasando a sus actuales dimensiones. El periódico «tipo sábana» fue reemplazado por el tabloide. Valdeón prestó una atención especial a los reportajes humanos. Todo él rebosaba humanidad aunque, alejado de su familia, vivió en Santander una soledad que le pesaba. También confió en los jóvenes.

Miguel Angel Santamaría se había hecho muy conocido en España por su participación como concursante en un programa televisivo cuando era estudiante en la Universidad de Navarra. Miembro de una familia «de las de siempre» en Santander, fue el siguiente director de EL DIARIO MONTAÑES en una etapa en la que no se conseguía aumentar la tirada de una manera significativa. Santamaría, un hombre muy peculiar, duraría en el cargo poco más de un año. La inestabilidad de los directores era notoria puesto que en siete años el periódico tuvo cuatro.

Tras la dimisión de Santamaría, y en un contexto de dificultades económicas muy duro, otro hombre de la Casa, Ramón San Juan, incorporado al periódico en los años 30, es nombrado director. Por causas diversas, entre las que pueden citarse la falta de inversiones, EL DIARIO, que nunca tuvo una economía boyante, pasó por una de las peores crisis de su historia. En 1975 el periódico lanzó a la calle cuatro ediciones extraordinarias con motivo de la muerte de Francisco Franco. La edición estaba preparada un mes antes con fotografías, datos biográficos y estancias en Santander de Franco. En los últimos años de la dirección de San Juan la crisis se hizo permanente y el periódico estuvo a punto de cerrar. La inestabilidad en los puestos de trabajo motivó que, aún en vida de Franco, EL DIARIO afrontara una huelga de sus trabajadores que tuvo al periódico dos días sin salir a la calle.

La nueva historia

En enero de 1979, dentro de un ambiente de crisis y con grandes deseos de relanzar el periódico, Manuel Angel Castañeda, uno de los jóvenes que ingresó en los últimos años de González Hoyos, asume la dirección en funciones, apoyado por la gran mayoría de los redactores y del personal, que ven en él al hombre adecuado para tratar de sacar la nave adelante. Probablemente en pocas ocasiones se produjo en la historia del periódico un consenso tan importante en torno al objetivo común de sobrevivir y crecer. Castañeda, junto a Julián Pelayo, trabajan por encontrar una solución y la encuentran: en 1980, EL DIARIO es adquirido por un grupo de empresarios que confían en el proyecto y logran lo que entonces era un objetivo dificilísimo: salvar el periódico. EL DIARIO MONTAÑES, tímidamente al principio, con paso firme más tarde, imparablemente después, comienza una irresistible ascensión de ventas, mejorando continuamente la calidad del producto, que hoy continúa y que le ha colocado con neta ventaja como sólido líder en Cantabria.

En 1981, Mariano Linares, editor y presidente ejecutivo de EL DIARIO MONTAÑES, confirma a Manuel Angel Castañeda en el cargo de director y afronta uno de los grandes retos: la renovación tecnológica, primera de las muchas que vendrían después. La vieja y entrañable tipografía es sustituida por el «offset». EL DIARIO, poco a poco, va hacia arriba. La redacción rejuvenecida y el impulso dado a los talleres se dejan sentir.

Plantilla al completo de El Diario Montañes
Plantilla del periódico en 1990, tras el estreno de las instalaciones de La Albericia.

Comienzan las ediciones: Torrelavega, El Astillero-Camargo, Palencia. Aumenta el número de páginas, se crean diversos suplementos y se contrata a las firmas más prestigiosas del país. Las cifras de tirada empiezan a alcanzar alturas impensables poco tiempo atrás. EL DIARIO se informatiza en todas las secciones y poco a poco va siendo arrinconado el último vestigio clásico de los viejos rotativos: la máquina de escribir que da paso a los ordenadores. El crecimiento del periódico hace que el histórico edificio se quede pequeño. La rotativa, adquirida a principios de los años 80, se ve sobrecargada por la necesidad de dar más páginas cada vez. Se plantea, entonces, un nuevo reto: el cambio de sede.

Hoy EL DIARIO MONTAÑES está en La Albericia. Es ya un gran periódico. Los más veteranos que van quedando, que son aquellos jóvenes que entraron a mediados de la década de los 60, aprecian más que la nueva generación de periodistas el «boom» experimentado porque son los que recuerdan una época difícil y sienten una nostalgia positiva. ¿Cómo no acordarse de la vieja «Underwood», las linotipias, el plomo, la estereotipia, las planchas del fotograbado, el olor a tinta, la vieja Redacción?

El DIARIO inició el siglo XXI preparando su centenario, - ya celebrado con multitud de actos y publicaciones -, siendo líder en Cantabria y contando con magníficas instalaciones y tecnología punta. Apuesta por Internet y, desde 1999, miles de internautas siguen la actualidad regional a través de su portal.  (www.eldiariomontanes.es)

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